El corazón. Es lo que nos mantiene vivos al bombear sangre vivificante por todo nuestro cuerpo. Pero también es una palabra que usamos para referirnos a nuestra alma, a nuestra mente o a cualquier lugar del que creemos que brotan las emociones y los sentimientos. Esto es lo que intentamos guardar cada día de las amenazas de la soledad, el rechazo, el abandono, la depresión, la ansiedad, el miedo, la manipulación y, sencillamente, de ser heridos. Tratamos de protegernos de cualquier cosa que pueda lastimarnos emocional o psicológicamente, y hasta cierto punto es bueno hacerlo.

Es natural, entonces, que haya un versículo que muchas personas usan para respaldar la idea de que debemos guardar nuestro corazón del abuso o del dolor emocional. El versículo se encuentra en Proverbios 4:23, que dice: “Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. Algunas traducciones en inglés, como la NIV, dicen “guard your heart” [guarda tu corazón], pero la idea es la misma. Así que la pregunta es: ¿nos enseña este versículo que debemos guardar nuestro corazón del dolor emocional? Creemos que está diciendo algo bastante diferente…

El corazón cerrado

Antes de profundizar en el verdadero significado de este versículo, demos primero un ejemplo de cómo se aplica mal. Imagina a una joven universitaria que está en una relación. Al principio la relación era maravillosa; el muchacho la conquistó y la cortejó regalándole flores con frecuencia, invitándola a comer, diciéndole lo hermosa que era… ya sabes, lo de siempre. A medida que la relación avanzaba, los sentimientos de la joven por su novio se hicieron más fuertes, al igual que los de él por ella. Pero había un problema. Verás, ella una vez le había entregado su corazón a otro hombre, que terminó destrozándolo y la hundió en una depresión.

Ahora tenía que decidir: ¿debía darle una oportunidad a este joven piadoso, o no debía permitirse enamorarse más profundamente de él? Su madre, en los días de su relación anterior, le había aconsejado “guardar su corazón” y no acercarse demasiado para no salir lastimada, citando Proverbios 4:23. Antes la joven había ignorado el consejo de su madre, pero ahora veía que su madre tenía razón, ¡y no volvería a cometer ese error! Iba a cerrar su corazón para siempre. Estaba convencida por la Palabra de Dios… o al menos por la interpretación que su madre hacía de ella.

¿Es esto lo que Dios quiso que hiciéramos al incluir Proverbios 4:23 en la Biblia? ¿Quiere Él que cerremos nuestro corazón a las personas porque creemos que podríamos salir heridos emocionalmente o terminar con el corazón roto? ¿Es eso lo que enseña este versículo? Veamos…

El contexto lo es todo

Para encontrar el verdadero significado de Proverbios 4:23, debemos leer el capítulo completo para tener algo de contexto; luego, debemos contrastar nuestra comprensión con el resto de las Escrituras para ver si el principio o la enseñanza se encuentra y se respalda en otras partes de la Biblia. Así es como descubrimos lo que este versículo REALMENTE significa.

Proverbios 4 comienza con las tiernas instrucciones de un padre a su hijo, tal como él mismo fue enseñado por su padre. Le dice a su hijo que mantenga sus enseñanzas cerca de su corazón y que guarde sus mandamientos para que viva (Proverbios 4:4). Luego personifica a la sabiduría y le dice a su hijo que la ame, que la estime y que “la” guarde, porque ella lo guardará a él y será su vida (Proverbios 4:5-8). De nuevo, en la siguiente sección (Proverbios 4:10-19), el padre exhorta a su hijo a recibir sus palabras. También le advierte que no se junte con personas impías y malvadas, que no tome su camino, porque es oscuro.

Una vez más, el padre instruye a su hijo a estar atento a sus sabias palabras, a no perderlas de vista y a guardarlas en su corazón, porque “son vida a los que las hallan, y medicina a toda su carne” (Proverbios 4:20-22). Luego llegamos a nuestro versículo, que dice: “Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón; porque de él mana la vida”; y continúa: “Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de labios. Tus ojos miren lo recto, y tus párpados en derechura delante de ti. Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean ordenados. No te apartes a diestra, ni a siniestra: aparta tu pie del mal”.

El corazón sabio

Con este contexto en mente, debería ser bastante fácil ver que lo que este capítulo nos exhorta a hacer es adquirir sabiduría (lo cual se logra por medio de la Palabra de Dios) y guardarla en nuestro corazón para que andemos con rectitud, sin desviarnos del buen camino hacia uno malo. Este capítulo trata de guardar nuestro corazón de la amenaza muy real del pecado en nuestra vida, ya sea en forma de orgullo o de malas obras. Proverbios 4 es una advertencia para que examinemos nuestros caminos con sabiduría, asegurándonos siempre de hacer lo que es recto delante del Señor.

Entonces, ¿qué significa nuestro versículo (Proverbios 4:23)? Este famoso versículo nos instruye a guardar nuestro corazón en todo momento del camino tentador del pecado y del mal, no de un desengaño amoroso. Como dice Santiago 1:14-16: “Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado. Y la concupiscencia, después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte. Amados hermanos míos, no erréis”; es decir, guarden su corazón y su mente. Esta idea se respalda en otras partes de las Escrituras.

Si recuerdas, Jesús dijo una vez: “El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca”. Nuestro corazón es, en efecto, o un manantial de vida o un sepulcro vacío (Mateo 23:27). Por eso Jesús y el resto de las Escrituras ponen tanto énfasis en guardar el corazón: todos somos vulnerables al pecado y al mal. Pero tenemos nuestra esperanza bienaventurada…

Reflexión

Solo Jesús, por el poder del Espíritu Santo y de Su Palabra, puede verdaderamente guardar nuestro corazón hasta el día de la redención, cuando Él regrese. Él tiene el poder “para guardaros sin caída, y presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría” (Judas 1:24). Cuando tenemos el corazón y la mente de Cristo, y somos guiados por Su Espíritu, nos esforzaremos por andar como es digno de nuestro llamamiento como Sus hijos (Efesios 4:1); puede que nos enojemos, pero no pecaremos (Efesios 4:26).

Por lo tanto, “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Y recuerda: “Jehová mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón”. Guarda tu corazón del pecado y del mal para agradar al Señor que amas.