El logo de Truth Informed tiene, en la parte inferior del anillo azul, una parte conocida de un versículo: “La verdad os hará libres”. Este versículo se encuentra en Juan 8:31-32, y la oración completa dice: “Y decía Jesús a los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará”. Pero ¿qué es esta verdad de la que habla Juan (aunque en realidad es Jesús)? ¿Y cómo llegamos a conocerla?

A veces la gente usa mal esta frase, “la verdad os hará libres”, y la aplica a situaciones cotidianas, sacando el versículo totalmente de su contexto y formando todo un sistema de creencias alrededor de ella. He oído a muchos interpretar este versículo en el sentido de que, si uno simplemente dice la verdad (sobre todo en un juicio), la libertad se hará realidad; o de que uno debe aceptar la verdad de una situación determinada para que su mente sea realmente liberada de la negación, convirtiendo así la verdad en una garantía de cordura. Aunque esto sea cierto (como cuando le dices a alguien que necesita bajar de peso por su propio bien y dejar de negarlo), no es de lo que trata el versículo en cuestión.

El problema

Aunque estas aplicaciones parezcan dar por buena esa interpretación en particular, el versículo no tiene nada que ver con usar la verdad como garantía de libertad física o de estabilidad mental, y eso podría ser un problema. Basta con pensar un poco para imaginar un escenario en el que decir la verdad no solo te quite la libertad, sino que además haga que te maten. Que quede claro: de ninguna manera estoy justificando la mentira; simplemente señalo que la verdad a veces puede meterte en más problemas que si no la dijeras, aun cuando sea lo correcto. Pero di siempre la verdad; Dios realmente aborrece la mentira (Éxodo 20:16; Proverbios 6:16-17, 12:22, 19:9; Colosenses 3:9-10).

Si la verdad (entendida incorrectamente en este versículo) no siempre puede hacerte libre, entonces aparentemente Jesús nos mintió al decir “la verdad os hará libres”. Así que es evidente que tiene que haber una mejor interpretación de este versículo clave y, por supuesto (por la sabiduría de Dios), se encuentra en el mismo libro y capítulo de donde proviene el versículo. Jesús, siendo Dios, no puede mentir, y por eso cuando dice que “la verdad os hará libres”, está diciendo la verdad…

La verdad personificada

Si puedes recordar tus clases de lengua en la secundaria, ¿te acuerdas de un recurso literario que usan los escritores llamado personificación? Bueno, por si no lo recuerdas, la personificación es cuando quien habla o escribe atribuye una naturaleza personal o cualidades humanas a un objeto inanimado o a un concepto abstracto. Por ejemplo: “el viento aullaba en la noche oscura” (los lobos vivos aúllan, no el viento); o “las escaleras gemían mientras caminábamos sobre ellas” (las personas quizás gimen si las pisas, pero la madera no). La personificación hace que la comunicación sea interesante, y sin duda se encuentra en toda la Biblia, especialmente en los Salmos (por ejemplo, la sabiduría a menudo aparece personificada en Proverbios).

Por lo tanto, la única manera de entender lo que Jesús dijo en Juan 8:31-32 es darse cuenta de que Jesús personifica la verdad como alguien que salva a las personas una vez que llegan a conocerlo; ¿y sabes qué? Él es esa persona. Jesús es la verdad que salva. Algunos piensan que Jesús se refiere a las verdades proposicionales que Él afirma, y puede que así sea (pues dice en el versículo 31 “si vosotros permaneciereis en mi palabra”), pero es igualmente obvio, como veremos más adelante, que también se refiere a Sí mismo.

El Hijo te hace libre

¿Cómo sé que Jesús está hablando de Sí mismo? Porque Él lo dice. Pero primero, un poco de contexto: en Juan 8, Jesús conversa con los fariseos y los escribas sobre quién es Él. Ellos tienen muchas preguntas, y Él les responde de manera brillante y clara, sin guardarse lo que pensaba de Sí mismo… y de ellos. Dice que Él es “la luz del mundo” (v. 12); y les dice a los judíos: “vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo” (v. 23).

Cuando llegamos al versículo 32, Jesús dice nuestra frase: “conoceréis la verdad, y la verdad os libertará”. Los judíos entonces respondieron que eran descendientes de Abraham y que nunca habían sido esclavos (obviamente se olvidaron de la historia de Israel en ese momento), y preguntaron cómo era que Jesús les decía que serían libres. Su arrogancia era increíble. Pero Jesús en realidad estaba hablando de libertad espiritual: que serían liberados de la esclavitud del pecado en la que se encontraban.

Luego, como un alivio para unos oyentes confundidos, la frase interpretativa clave para nuestro versículo en cuestión aparece en el versículo 36. Esa frase dice: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Bien, sabemos que Jesús es el Hijo de Dios, así que Él tiene que ser quien liberta. Pero en el versículo 32 dijo que la verdad haría libres a las personas; entonces, ¿quién es el que nos hará libres, Jesús o la verdad? Respuesta: en este contexto, son uno y el mismo. Nuestro versículo de prueba para esta enseñanza, entonces, se encuentra en Juan 14:6, donde Jesús dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida…”

Lo que esto significa

Ahora que hemos visto que Jesús es Él mismo la verdad que hace libres a las personas de sus pecados, ¿qué significa cuando dice: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra… conoceréis la verdad, y la verdad os libertará”? Significa que, al permanecer en la palabra de Jesús (la Biblia), llegamos a conocerlo verdaderamente de manera vivencial (como el Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador, Dios); luego, por medio de esta relación con Él como nuestro Señor, somos libres de las garras del pecado en nuestra vida.

Este versículo es un recordatorio para todos los creyentes de que debemos permanecer en Cristo, porque separados de Él nada podemos hacer (Juan 15:5). Un creyente que no permanece en Cristo (perseverando en Su palabra, la Biblia) no dará mucho fruto (otros discípulos), si es que da alguno. Y una persona que no se apoya en el poder de Jesús para salvarla del pecado está perdida, abandonada a una salvación por obras propias que la deja débil, frustrada, engañada, confundida y desesperada.

Por lo tanto, es de vital importancia para nuestra vida permanecer en Cristo y confiar en que Él nos salva de nuestros pecados: no solo de todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros, sino también de los pecados contra los que estamos luchando actualmente en el día a día. Solo hay victoria en Jesús; solo Él puede hacernos libres de nuestros pecados diarios. Y si confesamos nuestros pecados y nos arrepentimos de ellos cada día, Él es fiel y justo no solo para perdonarnos y limpiarnos (1 Juan 1:9), sino también para mantenernos libres. ¡Amén a eso! ¡Gracias, Señor Jesús!