Veo en mi mente una imagen desgarradora: un hombre enojado con Dios porque Dios no le cumplió Su promesa. Dios no salvó a su esposa, el miembro más íntimo de su casa. Verás, su esposa falleció no hace mucho, y no era creyente, a pesar de las constantes oraciones de él y de sus intentos por convertirla durante muchos años. Él se había convertido en creyente a mitad de su matrimonio, lo cual causó algunas tensiones. Pero se aferró a un versículo que, según creía, era una promesa de Dios (Hechos 16:31). Creía que, puesto que él había venido a Cristo, el resto de su casa también lo haría. Pero nunca sucedió. La promesa no se cumplió.

He leído y oído historias como esta que les han pasado a otras personas, y me entristecen profundamente; no solo porque alguien de una familia falleció sin conocer a Cristo, sino también porque otra persona sigue en la tierra confundida, resentida y enojada con Dios, todo por una mala enseñanza y una mala teología. Para algunos este tema puede ser muy delicado, y quizás hasta doloroso si les trae recuerdos no deseados (por lo cual pido disculpas), pero considero que este tema es de suma importancia, porque es uno que puede causar, y ha causado, que algunas personas se aparten de la fe. Y como una de mis misiones es compartir la verdad de Dios con otros de manera informada (a pesar de las controversias), comparto ahora esta verdad contigo…

Dios sí quiere que todas las personas sean salvas

Sin importar cuál sea tu postura en todo el debate entre calvinistas y arminianos, creo que todos podemos estar de acuerdo en que Dios, por Su amor, al menos desea que todas las personas vengan a Él; después de todo, Él nos creó a todos y a cada uno de nosotros. 1 Timoteo 2:4 dice: “[Dios] quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad”. De nuevo, en 2 Pedro 3:9, las Escrituras declaran: “El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.

Dios extiende Su gracia salvadora y Su regalo, Jesucristo, a todos los que crean en Él; no deja a nadie sin el privilegio de creer en Cristo. Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Todo aquel incluye a cualquier persona en el mundo; así que sí, Dios quiere que todos sean salvos, y ha provisto el Camino, pero…

Dios nos ha dado libre albedrío

Dios quiere que todas las personas sean salvas, pero eso no significa que todas las personas serán salvas, aunque la cabeza del hogar crea en Cristo y sea salva (como algunos entienden Hechos 16:31, igual que en mi ejemplo anterior). Porque Dios nos ama tanto que nos dio libre albedrío, hasta el punto de que podemos rechazar deliberadamente Su regalo, Jesucristo. Hablando a los judíos que rechazaron a Jesús, Esteban les dijo en Hechos 7:51: “Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros”.

Juan 1:12 dice: “Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre”. Si las personas tienen o no la opción de creer en Cristo durante toda su vida es debatible, ya que algunos piensan que solo somos verdaderamente libres cuando Dios nos da la capacidad de creer en Cristo en un momento específico. Sin embargo, yo creo que Dios sí nos da muchas oportunidades para tomar esa decisión; pero creer en Él tiene que suceder antes de la muerte física.

El contexto de nuestro versículo (Hechos 16:31)

El versículo del que muchas personas sacan la idea de que, si ellos creen en Cristo, de alguna manera toda su casa también creerá, se encuentra en Hechos 16:31. Dice: “Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa”. Esto se le dijo a un carcelero de Filipos que estaba a cargo de custodiar a Pablo y a Silas mientras estaban presos. Su vida nunca volvería a ser la misma.

Pablo y Silas fueron encarcelados después de haber echado fuera un demonio de una muchacha a la que sus amos usaban para ganar dinero. Los amos prendieron a Pablo y a Silas y los llevaron ante los magistrados, acusándolos de alborotar la ciudad romana con sus enseñanzas. Pablo y Silas fueron azotados y luego llevados a la cárcel.

Mientras oraban y cantaban a Dios en la celda, hubo un terremoto que hizo que se abrieran las puertas de la cárcel y, milagrosamente, las cadenas de todos se soltaron. Cuando el carcelero vio esto, estuvo a punto de matarse, porque pensó que los presos habían escapado mientras él estaba de guardia (la pena de muerte sería su destino). Pero todos los presos estaban allí, y Pablo le dijo que no se hiciera daño.

El carcelero, después de oír a Pablo, se postró a los pies de Pablo y de Silas y les preguntó qué debía hacer para ser salvo. Ellos le hablaron a él, y luego a todos los que estaban en su casa, la Palabra del Señor (el evangelio), y le dijeron que él y su casa serían salvos si todos creían. El carcelero y su casa creyeron, él y su familia fueron bautizados, y él cuidó de Pablo y de Silas en su casa.

Entonces, ¿dónde está la confusión?

Muchas personas ven el versículo 31, “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa”, y lo entienden en el sentido de que, si una persona cree, él o ella y su familia serán salvos, básicamente de forma automática. Pero esto es un grave malentendido del texto (y traiciona el resto de las Escrituras). Quizás ayudaría si las frases se reordenaran un poco: “Cree en el Señor Jesucristo, tú y tu casa, y serás salvo”.

Aun así, otros lo entienden en el sentido de que, cuando una persona cree en Cristo, su casa también creerá necesariamente, ya sea en ese momento o en los años venideros. Pero esa interpretación tampoco tiene apoyo en las Escrituras, al menos no en este versículo. El hecho de que una persona de la familia, aunque sea la cabeza de la familia, crea en Cristo no significa, en sí mismo, que todos los demás creerán. Todos tienen libre albedrío, y todos tienen que creer en Cristo individualmente.

Lo único que dice este versículo es que, si el carcelero creía, y los miembros de su casa también creían (lo cual hicieron), entonces todos serían salvos. Y esto es verdad: si todos creían, entonces todos serían salvos. Pero esa es una idea totalmente distinta a decir que, si solo él creía, toda su familia también sería salva. No existe tal cosa como una salvación transferida, o una salvación por “cabeza de familia”, en la que la fe de un miembro de la familia bastaría para salvar a otro miembro de la familia.

Todo está en el griego

La frase “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa”, en el griego, nos muestra que nuestra interpretación es correcta. Desglosada, la frase dice: “Cree [singular, solo el carcelero] en el Señor Jesucristo, y serás salvo [singular, solo el carcelero] tú [singular, el carcelero], y tu casa [todos los demás de su casa que crean]”. No puede estar más claro.

Si la otra interpretación fuera correcta, el griego diría: “Cree [singular, solo el carcelero] en el Señor Jesucristo, y seréis salvos [plural, todos los de su casa] tú [singular, el carcelero], y tu casa [todos los demás por la decisión de él]”. Eso no es lo que dice el griego, y no es lo que enseña el resto de las Escrituras.

La salvación es para los que creen

La Biblia deja claro que todas y cada una de las personas son las únicas responsables de creer en Cristo y de tomar la decisión de seguirlo. Nadie más puede tomar esta decisión por otra persona, ni siquiera por el miembro más cercano de la familia. Romanos 10:9 dice: “si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. Solo tú, y nadie más, serás salvo si crees.

Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí”. Cada uno de nosotros viene a Dios solo por medio de Jesús, y no por medio de nadie más; no por la fe de nuestros padres, de nuestro cónyuge ni de ningún otro miembro de la familia. Jesús también dice: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida” (Juan 5:24). Para ver más versículos sobre el tema de la salvación, haz clic aquí (en inglés).

Reflexión

La próxima vez que oigas a alguien decir (sobre todo, por alguna razón, en la cultura hispana) que la Biblia dice que si crees en el Señor Jesucristo serás salvo tú y tu casa, guíalo amablemente a la verdad; eso puede librarlo a él, y a otros, de una posible desesperación. Aunque el versículo suena bonito cuando se interpreta de esa manera, no es verdad; si lo fuera, ¡el mundo entero ya sería salvo!

Ahora bien, ¿es cierto que cuando un miembro influyente de una familia viene a Cristo, muchos sienten curiosidad y quieren saber más acerca de su Jesús? Quizás, sobre todo si la persona muestra un amor y una fe genuinos en Dios y en los demás, es activa en la evangelización y les comparte el evangelio. Así que no entiendas este artículo en el sentido de que ya no puedes ser una parte clave en la decisión de otra persona por Cristo; muy bien podrías ser la única Biblia que esa persona llegue a ver… ¡así que sigue siendo la luz en el mundo y en tu familia! ¡Y sigue orando por los que amas!

Que Dios te bendiga mientras compartes la Verdad con otros.