Con frecuencia sucede que los no creyentes avergüenzan a los cristianos en cuanto a moralidad, carácter, obras y estilo de vida en general. Ateos, naturalistas, agnósticos, mormones, musulmanes y cualquier persona común y corriente han señalado alguna vez a los cristianos —y con razón— cuando los creyentes no están a la altura de los estándares que ellos mismos parecen imponerles a los demás. Pero ¿por qué sucede esto, y qué pueden y deben hacer los creyentes al respecto? ¿Será este problema una de las razones por las que los no creyentes deciden no ir a la iglesia, ya que, después de todo, está llena de hipócritas? En este artículo abordaremos estas cuestiones.
Los no creyentes pueden ser morales sin Dios
Puede que a algunos cristianos les sorprenda, pero sin duda es posible que los no creyentes sean personas morales sin creer en Dios. Es cierto que la moralidad no puede existir sin Dios (porque entonces no habría un estándar universal con el cual juzgar las acciones), pero eso es distinto a decir que, sin creer en Dios, alguien no puede ser un ser humano moral; eso es falso. Si has vivido lo suficiente en esta tierra, ya te habrás dado cuenta de que sí hay personas en este mundo que no creen en Dios y, sin embargo, hacen cosas buenas, y muchas veces superan a los creyentes en sus buenas palabras y acciones. Pero ¿cómo puede ser esto?
Es posible por lo que afirma Romanos 2:14-16: “Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley a sí mismos: Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros; En el día que juzgará el Señor lo encubierto de los hombres, conforme a mi evangelio, por Jesucristo”. Ahí lo tienes: las leyes de Dios están escritas en el corazón de las personas; su conciencia acepta esa verdad o la suprime. En otras palabras, las personas saben lo que está bien y lo que está mal, pero, en su pecado, su conciencia está tan cauterizada que Dios “los entrega” a su mente y a sus deseos depravados (Romanos 1:18-32). Pero lo único que tienen que hacer para revertir esto es volverse a Cristo y creer en Él.
Así que, aun sin Cristo, las personas sí pueden hacer el bien en este mundo. Pueden ayudar y cuidar a sus vecinos, llamar a un amigo que está de luto, ayudar a un niño perdido, prestarle dinero a un familiar que pasa apuros, ir a dar de comer a los pobres en un albergue para personas sin hogar, amar a su cónyuge y a sus hijos, e incluso viajar por el mundo para llevar ayuda a un país del tercer mundo. Dios ha puesto en cada persona la capacidad de tener compasión, empatía y amor, sea cristiana o no. Pero con Cristo, todas estas cualidades deberían estar al máximo. Con Cristo, todas estas buenas obras deberían tener un significado aún mayor para el cristiano, porque ahora pueden representar a Cristo mismo (la persona buena y altruista por excelencia) y darle gloria para que el mundo lo vea.
Para un estudio más extenso sobre este tema, del Dr. William Lane Craig, haz clic aquí (en inglés).
Hacer el bien o ser bueno no salva
Pero, aunque a veces los no creyentes de hecho hacen quedar mal a los cristianos, debemos recordar que no es por nuestras obras y acciones, ni por nuestra buena conducta, que hemos de ser salvos. En nuestra naturaleza caída, es fácil mirar las buenas obras de un no creyente, compararlas con las nuestras y pensar que de alguna manera nos estamos quedando cortos. Es fácil sentir que no hemos dado en el blanco, pero ¿sabes qué?… ellos tampoco. Verás, ninguna cantidad de buenas acciones y obras, ni una vida recta, puede ganarnos lo que todos más necesitamos: la salvación. Si así fuera, muchos personajes históricos que odiaban a Dios, pero que hicieron mucho bien en el mundo, serían salvos. La Biblia enseña claramente que esto no es cierto en Efesios 2:8-9, que dice: “Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe”.
Sin embargo, que un no creyente nos supere debería hacernos detenernos, pensar y analizar nuestra propia vida para ver si hemos estado viviendo de una manera que agrade a Dios. No debería ocurrir que los no creyentes nos avergüencen en cuanto a decir y hacer el bien, y en cuanto a llevar una vida recta. Estamos llamados a ser luz en el mundo (Mateo 5:14-16). Cuando decimos y hacemos buenas obras, glorificamos a nuestro Padre al enfocarnos en Él. Lamentablemente, con frecuencia incluso los cristianos nos encontramos diciendo y haciendo cosas buenas para recibir elogios de los demás. Eso es algo que deberíamos esperar de los no creyentes, y probablemente es la razón por la que ellos dicen y hacen cosas buenas… además de sentirse bien consigo mismos. Aunque no está del todo mal sentirse bien por hacer el bien, nuestro enfoque siempre debe estar en la bondad de Dios y en señalarles a las personas a nuestro buen, buen Padre.
Reflexión
El hecho de que los no creyentes puedan hacer el bien, y de que hacer el bien no nos salve, no es una excusa para seguir siendo un cristiano sin fruto o, mucho peor, un creyente que es un estorbo para el nombre de Cristo y Su evangelio. Si nosotros (y me dirijo a los cristianos) nos encontramos diciendo y haciendo cosas que nuestros pastores, nuestras abuelitas cristianas —o Jesús— no aprobarían, y aun así ondeamos con orgullo la bandera cristiana, necesitamos arrepentirnos. La gente sí está observando nuestra vida.
La gente sí se da cuenta cuando decimos una mentira, robamos, miramos a otra mujer, decimos malas palabras, tratamos mal a nuestros hijos y a nuestra esposa, publicamos palabras e imágenes ofensivas en Facebook, etc. Y la gente, específicamente los no creyentes, sí sabe que lo que estamos haciendo está mal. ¿Cómo? Porque ellos también tienen la ley de Dios escrita en su corazón. Nos llamarán hipócritas, y tendrán razón. Hermanos y hermanas, esto no debe ser así. Debemos vivir una vida irreprochable lo mejor que podamos; no porque así seremos salvos o seguiremos siendo salvos, sino porque así le mostramos a Dios que lo amamos… así es como le agradamos (Romanos 12:1-2).
Así que, la próxima vez que un no creyente te diga que conoce a personas que se comportan mejor, actúan mejor y son mejores personas que los creyentes que ha conocido, dile: “Puede que tengas toda la razón, aunque eso es triste. Pero uno no tiene que creer en Dios para decir o hacer cosas buenas. Uno es capaz de decir y hacer cosas buenas porque sí existe un Dios que ha puesto Su ley en el corazón de todos, para que sepan lo que es bueno y lo hagan; aunque también saben lo que es malo y lo hacen. Este fenómeno simplemente demuestra que existe una moral objetiva; una que existe fuera de nosotros mismos; una que el Creador y Dador de estas leyes morales ha puesto en nuestro corazón. Y quienes dicen y hacen el bien son un testimonio vivo de la gracia de Dios en este mundo caído. Pero decir y hacer el bien no lleva a nadie al cielo…” Y compártele el evangelio.
Que Dios los bendiga a todos en su búsqueda de ser mejores cristianos, un mejor testimonio y mejores prójimos para un mundo perdido y moribundo. Lleva a las personas a Jesús siendo como Jesús.








