Pedimos disculpas por muchas cosas a lo largo de la vida, pero nuestra fe en Cristo nunca debería ser una de ellas. Muchas personas piensan que pedirle disculpas al mundo es lo que hacemos, o lo que se nos llama a hacer, cuando practicamos la “apologética” (en inglés, la palabra se parece a apologize, “disculparse”). Sin embargo, la apologética no tiene nada que ver con pedir disculpas por nuestras creencias; de hecho, es todo lo contrario.
La palabra apologética viene de la palabra griega apologia, que significa “hablar en defensa de algo; presentar una defensa”. Por lo tanto, la apologética cristiana implica la práctica de defender la fe con argumentos razonables (o afirmaciones que conducen a una conclusión). A continuación hay algunas razones por las que creemos que los cristianos deberían aprender lo básico de la apologética y también practicarla con frecuencia.
La apologética es parte de nuestro llamado
Defender la fe en nuestra cultura es parte de nuestro llamado. A medida que respondemos a este llamado, usando la apologética con sabiduría, comenzaremos a moldear nuestra sociedad, lenta pero seguramente, hacia lo que es bueno… hacia Dios. Los versículos más importantes sobre la apologética se encuentran en 1 Pedro 3:15-16, que dicen: “Sino santificad al Señor Dios en vuestros corazones, y estad siempre aparejados para responder [apologia] con mansedumbre y reverencia a cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros: Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean confundidos los que blasfeman vuestra buena conversación en Cristo”. Los apóstoles y otros escritores del Nuevo Testamento incluso practicaron la apologética ellos mismos (2 Corintios 10:3-5; Hechos 17:16-34; Colosenses 2:8-10; Judas 3).
Tener argumentos bien razonados a favor de nuestra fe en Cristo hará que la cosmovisión cristiana, y Cristo mismo, sean aún más atractivos para la persona no regenerada que piensa y busca la verdad. Douglas Groothuis, en su libro Christian Apologetics, afirma que “una de las razones por las que el cristianismo no ha logrado ejercer mucha influencia sobre las principales instituciones intelectuales de Estados Unidos es que demasiados cristianos sostienen sus creencias de una manera desinformada y precaria. En lugar de buscar respuestas a las preguntas más difíciles que un mundo incrédulo puede plantear, intentan preservar la certeza por medio de la ignorancia y el aislamiento, apoyándose en frases hechas en vez de argumentos”. No caigamos en ese lamentable estado; más bien, procuremos presentarnos como obreros aprobados de Cristo (2 Timoteo 2:15).
La apologética prepara el terreno para el evangelio
En los días de Jesús, muchas culturas (especialmente los judíos) creían en Dios, o al menos en uno o varios dioses. Creían que existía algún tipo de poder superior; el humanismo secular y el naturalismo (como se conocen hoy) todavía no habían aparecido. Por lo tanto, la mitad del trabajo de los apóstoles en su contexto ya estaba hecha. En otras palabras, en muchas ocasiones no tenían que intentar convencer primero a la gente de que Dios existe; simplemente tenían que convencerla de que Jesús era el Mesías, Dios hecho carne.
Sin embargo, en la sociedad actual (especialmente en Estados Unidos, Europa y Canadá, donde el naturalismo y el humanismo secular han florecido), muchas personas ni siquiera creen en Dios, y mucho menos en el Dios cristiano. Así que al presentar el evangelio hoy en día, ¡primero debemos sentar la base de que Dios existe! Sin esa base, el evangelio parece aún más “locura a los que se pierden”; porque ¿por qué vendría en carne un Dios en el que ni siquiera creen, para salvarnos muriendo en una cruz?
Debemos, entonces, darle al evangelio la oportunidad de ser tomado en serio en la plaza pública actual. William Lane Craig, filósofo y teólogo cristiano, y fundador de Reasonable Faith, dice en su libro On Guard que “si el evangelio ha de ser escuchado como una opción intelectualmente viable para los hombres y mujeres pensantes de hoy, entonces es vital que nosotros como cristianos intentemos moldear la cultura estadounidense de tal manera que la creencia cristiana no pueda ser descartada como mera superstición. Ahí es donde entra la apologética”.
La apologética derriba barreras para creer
Otro beneficio de la apologética es que ayuda a los cristianos a derribar las barreras intelectuales que suelen impedir que las personas crean el evangelio. Muchas personas tienen ideas falsas acerca de Dios, el cristianismo, la fe, la religión, la verdad, la facultad de la razón, etc. Algunos no creen que la verdad sea objetiva o que pueda conocerse plenamente; otros creen que la verdad ni siquiera existe. Y otros más creen que, si existiera un Dios, no sería personal, sino algún ser distante que orquesta todo o que no tiene ningún interés en los seres humanos. La apologética puede ayudar a disipar los mitos comunes, las ideas equivocadas, los errores y las tergiversaciones descaradas de todo lo que tiene que ver con el cristianismo.
Cuando la apologética se emplea al servicio de nuestra fe cristiana, ayuda a darle razón a todo: desde la existencia misma de Dios, del universo y de los seres humanos, hasta por qué Jesús tuvo que morir en la cruz, y cómo sabemos y podemos creer que realmente resucitó de entre los muertos. La apologética es única porque aprovecha al máximo la teología, la filosofía, la historia antigua y moderna, la arqueología, la crítica textual, los idiomas bíblicos, los métodos de interpretación bíblica, los métodos de debate e incluso la política, para fundamentar con éxito la cosmovisión cristiana como una que merece ser honrada, respetada y seguida, porque es la verdad.
Con práctica, cualquier persona puede llegar a ser un apologista lo suficientemente competente como para marcar una diferencia en la vida de alguien. Aunque requiere cierta formación filosófica y estudios bíblicos, los laicos de todo el mundo pueden aprender lo básico usando los excelentes recursos de apologistas, filósofos y escritores como William Lane Craig, Ravi Zacharias, Lee Strobel, Paul Copan, Norman Geisler y Josh McDowell, entre muchos otros. Con oración, el Espíritu Santo, la Biblia y la guía de buenos maestros, casi cualquier persona puede defender los argumentos a favor de Dios, de Cristo y del cristianismo… incluido tú.
La apologética puede fortalecer nuestra fe
La apologética también puede servir para fortalecer nuestra fe personal en Cristo. Douglas Groothuis, en su libro Christian Apologetics, nos asegura que “a medida que los cristianos dominan los argumentos apologéticos, aumenta su conocimiento de la verdad y de la racionalidad de sus creencias, lo cual les da una plataforma más sólida para explicar y defender ‘el evangelio de la gracia de Dios’ (Hechos 20:24). La meta del cristiano debería ser obtener ‘todos los tesoros de sabiduría y conocimiento’ en cuanto a la cosmovisión cristiana (Colosenses 2:3)”. Es nuestro deber poder defender nuestra afirmación de que el cristianismo es verdadero; si nosotros no lo hacemos, ¿quién lo hará?
Además, con un buen dominio de los argumentos apologéticos sobre la existencia de Dios, la historia y la inspiración de la Biblia, los argumentos a favor de Cristo y de Su resurrección, etc., y, por supuesto, con la Biblia y el Espíritu Santo, podremos superar nuestras horas más oscuras cuando nuestra fe esté débil. Todos tenemos momentos de poca fe, en los que sentimos que Dios no está cerca; pero cuando nuestros sentimientos se imponen, podemos descansar en el hecho de que Dios existe, de que Jesús es quien dijo ser y de que el cristianismo es verdadero. La apologética nos ayuda a “volver a levantarnos” con el conocimiento que tenemos; ninguna cantidad de problemas puede apartarnos de la verdad del evangelio, especialmente cuando se trata de una fe edificada sobre la evidencia y sobre la obra del Espíritu Santo (cuya presencia, en sí misma, basta para justificar la fe en Cristo).
El Dr. Craig también cree que “saber por qué crees, además de qué crees, te dará más confianza al compartir tu fe con otros” (On Guard). Por lo tanto, poder articular tu fe con claridad te dará una valentía tal que, aun frente a una gran oposición, podrás mantenerte firme y saber que llevas la verdad de Dios en tu corazón y en tu mente; y estarás mejor preparado para compartirla con otros. La gente notará que, por lo menos, sostienes tus creencias con sinceridad y de manera racional. Así que la apologética no solo edifica tu fe, sino que también podría ayudar a afirmar la fe de otros en Cristo.
Conclusión
Practicar la apologética puede parecer una tarea intimidante para quienes no están familiarizados con ella, pero a medida que comiences a aprender a defender la fe con diversos argumentos y razones, y a usarlos en tus conversaciones diarias, irás mejorando. Y no solo eso, sino que también obtendrás una comprensión y una apreciación más profundas de las maravillosas obras de Dios en toda la creación y en el evangelio mismo. Comenzarás a hacer tuya tu fe.
Ha habido un cambio profundo en nuestra cultura, y eso no se puede negar. Los escépticos de hoy parten de la presuposición de que Dios no existe o de que, si existe, no puede ser conocido con ningún grado de certeza. Por lo tanto, primero debemos convencer a las personas de que hay un Dios, un Dios personal que las creó y las ama, y después mostrarles que Él se manifestó por medio de Jesucristo, quien tomó carne humana, murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día. La apologética busca hacer precisamente eso: razonar con las personas que creer en Dios es racional, justificable y bueno, y que Jesús es la respuesta.
Así que… sal y haz discípulos de Cristo; dales las mejores razones que aprendas sobre por qué Dios existe y por qué Jesús es tu Salvador. Y, por supuesto, al defender la fe, hazlo con humildad, comprensión, paciencia y el amor de Cristo. Además, recuerda que, en última instancia, es el Espíritu Santo quien va delante de ti y convence a las personas de su pecado y las guía al arrepentimiento; tu meta es presentarles la verdad y ganarlas para Cristo, no ganar una discusión.








