En nuestro artículo anterior sobre la oración, respondimos siete preguntas comunes que la gente se hace sobre este tema tan importante. Vimos que Dios quiere que oremos porque se deleita en nuestras oraciones y porque nos lo manda; que debemos orar por medio de Jesús; que orar “en el nombre de Jesús” significa orar con Su autoridad y conforme a Sus propósitos; que nuestras oraciones deben dirigirse principalmente al Padre por medio del Espíritu Santo; que el papel del Espíritu en la oración es interceder por nosotros; señalamos algunas características de la oración eficaz; y, por último, aprendimos un poco sobre el ayuno.
Ahora, en la parte 2 de esta serie, vamos a abordar solo tres preguntas sobre la oración… pero tres preguntas absolutamente cruciales. Estas tres preguntas, y sus respuestas, han sido causa de dolor, duda, confusión, fe débil e incredulidad absoluta en la vida de muchas personas. Por lo tanto, tener un fundamento sólido en el tema de la oración, especialmente en cuanto a estas preguntas, es muy importante para la fe de quienes siguen a Jesús y se llaman cristianos.
1.) ¿Existe la oración sin respuesta?
Bueno, eso depende de cómo definas sin respuesta. “Sin respuesta” significa “que no ha sido respondido”. No significa “que no ha sido respondido como a ti te gustaría”. Algunos dirían que Dios efectivamente decide no responder las oraciones de Su pueblo, pero no creemos que eso sea coherente con Su carácter bueno. Por eso creemos que hay tres respuestas que Dios podría darnos a nuestras oraciones: “Sí”, “No” y “Todavía no/Ahora no”. Nada más.
Creemos que, si tenemos la autoridad de Cristo para orar a Dios (y la tenemos), y Cristo dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá… Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas a los que le piden?”; si Cristo dice esas cosas, no creemos que haya lugar para decir que nuestro buen Padre no responde nuestras oraciones.
El problema es que la gente define las “oraciones sin respuesta” como aquellas que Dios no responde como ellos quisieran que las respondiera. Pero Él sí las responde, ya sea con un “sí”, un “no” o un “todavía no”. Y tenemos que creer que, cuando Él nos da cualquiera de esas respuestas, es para bien, porque “a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, es a saber, a los que conforme al propósito son llamados” (Romanos 8:28). Además, como no sabemos cómo ni qué pedir como conviene, el Espíritu mismo intercede por nosotros (Romanos 8:26-27), y así nos asegura que Su voluntad será hecha.
2.) ¿Necesitamos hacer una oración para ser salvos?
Esta sí es una pregunta controversial. Los evangélicos están acostumbrados a pedirle a la gente que haga la “oración del pecador”, y a decirle que, si la hace con todo su corazón, será salva. El problema es que en ninguna parte de la Biblia vemos el patrón de decir una oración en voz alta como la manera en que debemos ser salvos. Lo que vemos es a personas que creen en Cristo en su corazón, que luego reciben el Espíritu Santo y que lo anuncian públicamente al bautizarse. Pero, por supuesto, la respuesta a esta pregunta puede depender de cómo defina la gente la oración o de cómo conciba el orar.
Si por oración la gente se refiere a tener que cerrar los ojos, inclinar la cabeza y recitarle algunas palabras a Dios, entonces no, la oración no es necesaria para ser salvo. Pero si por oración la gente se refiere a la comunicación personal con Dios (y en este caso, a comunicarle que creemos en Cristo y que creemos que Él es Dios), entonces la oración tampoco es necesaria para ser salvo, aunque puede estar involucrada en el recibir la salvación.
“Si entiendes el evangelio, crees que es verdadero y has aceptado a Jesús como tu salvación, es bueno y apropiado expresarle esa fe a Dios en oración. Comunicarse con Dios por medio de la oración puede ser una manera de avanzar de aceptar datos acerca de Jesús a confiar plenamente en Él como Salvador” (GotQuestions.org). Pero este fenómeno no hace que la oración sea una condición necesaria para la salvación; la única condición es la fe en Cristo. ¿Qué pasa si alguien muere antes de hacer la oración del pecador, pero acababa de creer de verdad en Cristo como su Salvador? ¿No es salvo porque no oró? No, es salvo, porque la única condición es la fe en Cristo.
Romanos 10:9-10 dice: “Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud”. La fe sola es la condición para la salvación (Rom. 4:4-5; Efesios 2:8-9). Si afirmamos que hacer una oración es necesario para ser salvos, estaríamos añadiendo a la salvación una condición que la Biblia no enseña. De hecho, todo el Evangelio de Juan estaría equivocado si orar fuera necesario para ser salvo; y, de hecho, el resto de la Biblia también.
El punto es este: no bases tu salvación, ni hagas que otros basen la suya, en haber hecho una oración; orar en sí mismo no te salva. Lo que te salva es tu fe en Cristo. Claro, puedes comunicarle a Dios tu fe en Cristo por medio de la oración, pero en la mayoría de los casos, ya debes haber tenido esa fe en tu corazón desde antes, y haberlo confesado como Señor.
3.) ¿Cambia la oración la manera en que Dios actúa?
Esta puede parecer una pregunta extraña, pero piénsalo: la Biblia dice que Dios nunca cambia (Números 23:19; Hebreos 13:8; Santiago 1:17). Entonces, si Él nunca cambia, ¿por qué deberíamos orar? ¿Va a cambiar de opinión de repente por nosotros? Lo dudo. Seguramente debe haber alguna explicación. Es cierto que Dios nunca cambia, así que… Su respuesta si sí oramos será una (y esa siempre habrá sido su respuesta), y Su respuesta si no oramos será otra (y esa también siempre habrá sido su respuesta). En otras palabras, solo hay dos maneras posibles en que Dios puede actuar en relación con la oración: la acción que toma cuando sí oramos y la acción que toma cuando no oramos; ambas son fijas porque Él no cambia, ni siquiera de opinión.
Vemos este principio en el A.T., especialmente en un relato de Moisés. En Éxodo 32:9-14, Dios le dice a Moisés que destruiría al pueblo de Israel por su pecado. Moisés entonces ora y le suplica a Dios que no derrame Su ira sobre Israel. Luego leemos que Dios no los destruyó, que se arrepintió del mal, una vez que Moisés oró. ¿Qué pasó ahí? ¿De verdad cambió Dios de opinión? No. Cuando la Biblia dice que “Dios se arrepintió”, está usando un lenguaje antropomórfico (desde un punto de vista humano).
Además, la acción de Dios en el caso de Moisés (y en todos los demás casos) siempre estuvo fijada para cualquiera de las dos decisiones de Moisés: orar o no orar. Si Moisés no hubiera orado, Dios habría destruido a los israelitas en ese momento (y esa siempre habría sido Su acción en esa situación); y si Moisés oraba (y gracias a Dios que lo hizo), los israelitas serían perdonados (y esa siempre habría sido Su acción en esa circunstancia). Las acciones de Dios estaban fijadas en cualquiera de esos dos casos distintos.
Así que, cuando oramos, no es que “cambiemos las acciones o la opinión de Dios”, sino que ahora llegamos a ver cuáles son Sus acciones después de haber orado; Sus actos no cambian, Su opinión no cambia: nosotros cambiamos al orar y recibimos Su respuesta ya determinada a nuestra oración, si es que lo que pedimos estaba dentro de Su voluntad. Esto hace que la oración sea sumamente importante.
Un ejemplo de esto sería el siguiente: si tu hijo adolescente quiere un auto y le dices que le comprarás uno si se gradúa con un promedio de al menos 3.5, también le estás dando a entender que, si no cumple tu condición, no le comprarás el auto. Tus dos acciones son fijas y están predeterminadas, y ambas tienen condiciones; suponiendo que cumplas tu palabra y no decidas dejar de comprarle el auto aunque cumpla tu condición. Por eso es importante cumplir lo que les prometes a tus hijos, y las consecuencias (buenas o malas) que les anuncias, y no cambiar tú de opinión una vez que lo dijiste. Esto les mostrará parte del carácter de Dios: que Él nunca cambia y que es digno de confianza.
Y, en relación con esto, este principio de que Dios nunca cambia y de que las oraciones son importantes es la razón por la que Jesús dice: “Por tanto, os digo que todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24). Este versículo suena un poco raro, ¿verdad? Parece decir que, si simplemente creemos cualquier cosa que queramos y oramos por ella pensando que ya la tenemos, sería nuestra, se haría realidad. Esto suena a algo sacado de The Secret, un movimiento de la nueva era y de la confesión positiva que enseña que el universo te trae aquello en lo que piensas a menudo y que pides.
Pero no, lo que este versículo significa es que si pedimos en oración algo que está dentro de la voluntad de Dios, lo recibiremos (de hecho, ya lo hemos recibido), porque siempre estuvo en Su voluntad dárnoslo si lo pedíamos en oración. En otras palabras, estaríamos pidiendo algo que ya nos corresponde tener. Él siempre lo ha tenido para nosotros, pero solo lo recibimos si lo pedimos en oración. Así que, en un sentido muy real, si lo que estás pidiendo está dentro de Su voluntad, cree que ya lo tienes. Y si no sabes si lo que estás pidiendo está dentro de Su voluntad, pronto lo sabrás; pero aun así puedes creer que, si lo que pides está dentro de Su voluntad, lo recibirás, que ya lo tienes. Así que, cuando oras, Dios no está cambiando; lo único que “cambia” es cuál de Sus respuestas recibes, e incluso esas siempre fueron determinadas por Dios.
Que esta serie sobre la oración te haya bendecido y te haya movido a ponerte de rodillas y empezar a orar. ¡Dios es bueno todo el tiempo! Para ver versículos bíblicos sobre la oración, haz clic aquí (en inglés).








