“Las armas y el cristianismo no van juntos” es lo que muchos creen y afirman, incluso algunos cristianos. Algunos también nos recuerdan que Cristo nos dice que “pongamos la otra mejilla”, y que “quien a espada vive, a espada muere”. Sin embargo, todas estas afirmaciones deben interpretarse en su debido contexto, y hay que examinar todos los datos bíblicos, para formar una verdadera postura bíblica sobre el asunto central: la defensa propia.

En este artículo presentaremos lo que creemos que es la postura más cercana a la Biblia en cuanto al tema del cristiano y la posesión de armas, más específicamente, de armas de fuego. En el ambiente político y evangélico de hoy, siempre cambiante y confuso, es bastante difícil separar las enseñanzas antibíblicas, erróneas o ilógicas que vienen de todos los lados del debate sobre la posesión de armas. Nuestro objetivo aquí será descubrir lo que Dios, por medio de Su Palabra, piensa sobre estos asuntos; porque, en última instancia, solo importa la opinión de Dios.

El verdadero asunto

En el fondo, la idea central en torno a la cual giran las discusiones y los argumentos sobre las armas es nuestro derecho a la defensa propia. Contrario a la creencia popular, la defensa propia es legítima a los ojos de Dios. Aunque es cierto que, en última instancia, Dios es nuestro protector, defensor y libertador, la defensa propia no es ajena a la Biblia. Las Escrituras están llenas de historias o exhortaciones sobre defenderse a uno mismo o a otros:

“Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que le hirió no será culpado de su muerte. Si el sol hubiere sobre él salido, el matador será reo de homicidio: el ladrón habrá de restituir cumplidamente”. - Éxodo 22:2-3

(Se da a entender que la víctima hirió al ladrón en defensa propia o de su propiedad).

“Defended al pobre y al huérfano: haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado: libradlo de mano de los impíos”. - Salmo 82:3-4

(Dios quiere que protejamos a los débiles y necesitados, y que los libremos, es decir, que los defendamos, de los impíos).

“Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los hijos de muerte. Abre tu boca, juzga justicia, y el derecho del pobre y del menesteroso”. - Proverbios 31:8-9

(De nuevo, somos llamados a defender a otros).

“Haced juicio y justicia, y librad al oprimido de mano del opresor, y no engañéis ni robéis al extranjero, ni al huérfano, ni a la viuda, ni derraméis sangre inocente en este lugar”. - Jeremías 22:3

(A Dios le interesan la justicia y la defensa de los oprimidos).

En Nehemías 4:15-23, los trabajadores que construían el muro llevaban en una mano sus herramientas de trabajo y en la otra sus armas, para defenderse de posibles atacantes.

(La defensa propia por una causa justa es permisible y prudente).

En 1 Samuel 23:1-5, David le pregunta al Señor si debe ir a defender al pueblo de Keila, que estaba siendo atacado y saqueado por los filisteos; ¡Dios le dijo que sí, que salvara a Keila!

(Defender a los necesitados es algo piadoso).

Sin embargo, algunos usan la afirmación de Jesús en Mateo 5:39 para apoyar su postura de que debemos ser pacifistas a toda costa y en cualquier circunstancia: “a cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra”. Pero la afirmación de Jesús habla más de no buscar una represalia malvada contra alguien que te ha insultado que de actuar en defensa propia cuando alguien te está atacando. En aquel entonces, en la cultura judía, una bofetada con el dorso de la mano en la cara era más un insulto que un ataque físico amenazante. Jesús les está diciendo a Sus discípulos que “pongan la otra mejilla” ante quienes los insultan u ofenden, no ante quienes los atacan físicamente o amenazan su vida.

Jesús prepara a Sus discípulos

En todos los relatos de los Evangelios, la historia de la traición y el arresto de Jesús está bien atestiguada. Pero antes de Su captura anunciada, ocurre un hecho muy interesante que apoya la idea de que la defensa propia es buena y, a veces, necesaria. Lucas 22:35-38 registra el relato de la siguiente manera:

35 Y a ellos [los discípulos] dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada. 36 Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja, y el que no tiene, venda su capa y compre espada. 37 Porque os digo, que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y con los malos fue contado: porque lo que está escrito de mí, cumplimiento tiene. 38 Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y él les dijo: Basta.

¡Observa que Jesús les dijo a Sus discípulos que vendieran sus capas para comprar espadas para su protección! Este episodio es un texto de prueba de la idea de que Jesús creía en la defensa propia, incluso con armas, y quizás también con armas de fuego, si hubieran existido. Pero ¿por qué les diría Jesús a Sus discípulos que compraran armas? Pues porque estaba a punto de ser apartado de ellos; o, más exactamente, iba a permitir que lo apartaran de ellos. Sus discípulos tendrían que protegerse unos a otros una vez que Él ya no estuviera con ellos.

Pedro, el caballero… reprendido

Pedro, uno de los discípulos más influyentes de Jesús, tomó muy en serio el mandato de su Salvador de llevar una espada, y estaba listo para usarla con tal de proteger al Mesías. En lo que debió de ser una situación sumamente tensa, Pedro (sabemos que fue él por Juan 18:1-11) le cortó decididamente la oreja a uno de los siervos del sumo sacerdote que vino con un grupo para prender a Jesús, después de que Judas lo traicionara. Mateo 26:47-56 registra:

47 Y hablando aún él, he aquí Judas, uno de los doce, vino, y con él mucha gente con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo. 48 Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquél es: prendedle. 49 Y luego que llegó a Jesús, dijo: Salve, Maestro. Y le besó. 50 Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces llegaron, y echaron mano a Jesús, y le prendieron. 51 Y he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del pontífice, le quitó la oreja. 52 Entonces Jesús le dice: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomaren espada, a espada perecerán. 53 ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles? 54 ¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras, que así conviene que sea hecho? 55 En aquella hora dijo Jesús a las gentes: ¿Como a ladrón habéis salido con espadas y con palos a prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. 56 Mas todo esto se hace, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos huyeron, dejándole.

Así que Jesús fue efectivamente traicionado por Judas, y luego Pedro casi inicia una pelea a espada. Pero Jesús mismo, el mismo que había dicho que llevaran las espadas, detuvo el ataque de Pedro, e incluso sanó al oficial. Pedro, como el caballero que era, simplemente estaba tratando de defender a Jesús y a los discípulos. ¡Pensó, con razón (pero en el momento equivocado), que para eso eran las espadas! Pero parece que esta historia tiene más de lo que se nota a primera vista.

Pregúntate: “¿Necesitaba Jesús realmente protección?”. Después de todo, Él es el Hijo de Dios. La Biblia dice que protejamos a los necesitados y a los débiles, pero ¿era Él uno de ellos? Su afirmación sobre pedir legiones de ángeles (v. 53) indica que no necesitaba la protección de sus espadas. Él sabía que esto iba a suceder, pero siguió adelante con el plan divino de Su Padre. Así que Jesús reprendió a Pedro no porque lo estuviera defendiendo, sino porque Pedro, una vez más, estaba frustrando sin querer el plan de Dios de que Jesús fuera crucificado por los pecados del mundo (vv. 54, 56). Pedro no sabía cuál era el momento ni el lugar adecuados para usar su espada (Eclesiastés 3:1-8).

Quien a espada vive…

En el relato de la traición y captura de Jesús, el Mesías le dice a Pedro otra frase interesante: “todos los que tomaren espada, a espada perecerán”. Pero ¿qué significa esta frase? ¿Y por qué Jesús les diría a Sus discípulos que compraran espadas y luego diría esto cuando intentaron usarlas? Según algunos, esto parece significar que Jesús en realidad no aprobaba las armas. ¿O no?

Lo que este versículo significa es básicamente esto: quienes tienen por costumbre usar la fuerza, ser violentos, usar armas y llevar una vida de agresividad y abuso recibirán lo mismo en esta vida. Es el principio básico de “cosechas lo que siembras”. Si alguien constantemente provoca problemas y recurre a la violencia, esa misma violencia lo perseguirá. Por supuesto, hay un tiempo para la defensa propia, pero Jesús le estaba diciendo a Pedro que ese no era el momento, porque a esto había venido Él; y probablemente no habría terminado muy bien para los discípulos.

Aunque quizás nunca sepamos si Jesús mandó a Sus discípulos comprar espadas para demostrar que “quien a espada vive, a espada muere”, parecería contrario a Su carácter engañar a Sus discípulos solo para darles una lección. Es mucho mejor decir que Jesús sí quiso decir lo que dijo cuando les mandó comprar espadas, porque sabía que necesitarían protegerse a sí mismos y unos a otros, especialmente ahora que Él ya no iba a estar con ellos.

¿Portar o no portar?

Ahora bien, ¿qué debemos hacer los cristianos en cuanto a las armas de fuego? ¿Debería un cristiano portar un arma, o siquiera tener una? Después de todo, un arma de fuego es más letal que una espada. La Biblia deja este aspecto del debate a criterio de cada persona. Mientras que algunos pueden considerar necesario tener o portar un arma (en lugar de una incómoda espada), otros quizás nunca quieran ni siquiera ver un arma en persona. Eso le corresponde decidirlo a cada uno. Pero es importante recordar que debemos obedecer todas las leyes aplicables (Romanos 13:1-7; 1 Pedro 2:13-17).

No está mal tener o portar un arma, y abstenerse de tenerla no es más correcto. Nadie de ninguno de los dos lados puede reclamar una superioridad moral por su decisión. Quienes sí quieren tener y portar un arma no necesitan otras razones que “porque puedo, porque quiero, porque me gusta y porque la uso para la defensa propia, que la Biblia afirma”; y quienes no quieren tener ni portar un arma no necesitan otras razones que “porque no quiero, porque no me gusta y porque puedo protegerme perfectamente sin ella, pero confío en Dios para mi protección, lo cual la Biblia también afirma”.

Pero el propósito de este artículo era ayudarnos a todos a entender que, según la Biblia, es moralmente aceptable protegernos a nosotros mismos y a nuestras familias, que Dios nos ha confiado, incluso mediante el uso de armas letales, como las armas de fuego… o las espadas. Dios sí protege a cada uno de Sus hijos; ¿y qué si lo hace por medio de un arma en una situación determinada? ¿Cuántas veces te ha ayudado Dios por medio de otros? ¿Cuántas veces te ha protegido Dios por medio de otros (padres, amigos, guardias de seguridad y policías, bomberos, etc.)?

Hay muchísimos casos en los que un delincuente o agresor fue detenido por alguien con un arma. Ya sea que el arma la usara la víctima o un buen samaritano que quería ayudar, la evidencia es clara: las armas han salvado muchas vidas (aunque, sí, también han quitado muchas otras). Sin embargo, el derecho a la defensa propia y a la protección, incluso mediante el uso de armas, nunca debería abolirse ni reducirse a causa del mal uso de las armas. Es especialmente importante que las mujeres, que por lo general son más débiles físicamente, entiendan y acojan esto.

Los ciudadanos respetuosos de la ley deben proteger su derecho a portar armas, especialmente en los Estados Unidos, donde nuestra Constitución reconoce ese derecho dado por Dios. Ten la seguridad de que quienes violan la ley serán juzgados por los gobiernos por sus malas acciones, y luego por Dios (Romanos 13:1-7). Y el hecho de que muchas personas profundamente perturbadas hayan usado armas de maneras atroces no debería impedir que otras personas estables tengan armas para protegerse de las personas inestables o para su recreación. Por lo tanto, el asunto es la defensa propia, ¡y esta siempre debe ser defendida!

Reflexiones finales

Aunque hemos dejado claro que la defensa propia está permitida (incluso con armas), hay que tener cuidado y actuar con sabiduría al decidir si usar o no la fuerza, especialmente la fuerza letal, para defenderse a uno mismo o a otros. La Biblia es tan clara sobre la defensa propia como lo es sobre tratar a nuestros enemigos con amor (Lucas 6:27-28; Mateo 5:44). Y, como seguidores de Cristo, nunca debemos buscar la venganza ni las represalias (Romanos 12:19).

Cada vida humana es importante para Dios, y hay que agotar primero todas las demás opciones antes de decidir acabar con la vida de una persona hecha a la imagen de Dios. La defensa propia tiene su lugar, y las armas de fuego sin duda ayudan a igualar fuerzas y neutralizar a posibles agresores, pero al final, perdonarle la vida a otra persona, y quizás incluso compartirle el evangelio, es siempre la mejor opción. Ezequiel 33:11 dice: “Vivo yo, dice el Señor Jehová, que no quiero la muerte del impío, sino que se torne el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos: ¿y por qué moriréis?”.