Internet está inundado de opiniones sobre si los cristianos deberían celebrar Halloween, o si tienen libertad para hacerlo. Las opiniones van desde creer que un cristiano es totalmente libre de celebrar Halloween como cualquier otra persona, hasta creer que a los cristianos se les prohíbe incluso poner sencillas decoraciones de otoño fuera de su casa. Cada lado afirma tener respaldo bíblico e histórico para su postura, pero obviamente solo puede haber una perspectiva bíblica correcta… ¿y si está en algún punto entre los dos extremos? Pero la pregunta crucial es: ¿qué le llevas al mundo ese día, tinieblas o luz?

Lo que Halloween fue en otro tiempo…

Seguro que has leído artículos o escuchado enseñanzas sobre lo que Halloween solía ser, pero aquí tienes un breve (muy breve) resumen, por si acaso. “All Hallows’ Eve” (la víspera de Todos los Santos, o Halloween para abreviar) es la noche anterior a la festividad cristiana del “Día de Todos los Santos”, que se celebra el 1 de noviembre. El “Día de Todos los Santos” es un día en que la Iglesia recuerda y conmemora a los santos que han fallecido, y a quienes todavía viven y han llevado a muchos a Cristo. La festividad se estableció en la época medieval; las iglesias católica romana, luterana, metodista y otras iglesias protestantes y evangélicas todavía la celebran hoy. Pero la mayoría de las iglesias evangélicas han dejado de celebrar el “Día de Todos los Santos” por la razón obvia de que no creemos en los santos, al menos no en la forma en que los define la Iglesia católica romana.

En la época medieval, la gente (por lo general los pobres y los niños) iba de puerta en puerta durante la festividad, cantando y ofreciendo oraciones por las familias de cada casa, a cambio de “soul cakes” (pastelitos de almas: pequeños pasteles hechos con nuez moscada, canela, jengibre, pimienta de Jamaica y pasas). Otros también se disfrazaban y representaban escenas cortas o fragmentos de obras de teatro (lo que se llamaba mumming), también a cambio de comida o bebida. Muchos creen que de ahí surgió el “trick-or-treating” (el “truco o trato”), que forma parte de Halloween en los Estados Unidos desde finales de la década de 1920. Para más información sobre el “truco o trato”, lee este artículo de Wikipedia.

Otra costumbre medieval que acompaña a Halloween es disfrazarse de espíritus o criaturas malignas, pero no por las razones que podrías pensar. En la Edad Media, los creyentes se disfrazaban de estas cosas para burlarse del diablo y de sus espíritus malignos; también llevaban linternas de calabaza para ahuyentar a esos espíritus (una creencia supersticiosa, por supuesto). La gente se burlaba del diablo porque había sido derrotado por Cristo en la cruz. Como el pecado principal del diablo es el orgullo, concluyeron que debía de odiar muchísimo que la gente se burlara de él, ¡y eso fue lo que hicieron! (algo que, por cierto, la Biblia desaconseja; Judas 8-10).

Está claro que “All Hallows’ Eve” (o Halloween) fue, y a veces todavía es, vista como una festividad espiritual y religiosa, al menos por algunos cristianos, pero sí, también por las brujas y por quienes se adentran en lo oculto. Muchos eruditos piensan que la festividad tiene sus raíces en el festival pagano celta de Samhain, pero, si ese es el caso (lo cual es discutible), los cristianos definitivamente la hicieron suya. De todos modos, hay otros historiadores que dicen que “All Hallows’ Eve” se originó como una festividad cristiana propia, como parte de una celebración de tres días en honor de los santos. Es interesante notar que la palabra inglesa “hallow” significa santo o venerado (por ejemplo, en el padrenuestro en inglés, “hallowed be Your name” [santificado sea tu nombre]: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”, Mateo 6:9). Si quieres saber más sobre Halloween, puedes leer el extenso artículo de Wikipedia.

Lo que Halloween es ahora…

Entonces, ¿se parece en algo el Halloween de hoy al Halloween de la Edad Media y de la Iglesia primitiva? En realidad, muy poco, aunque tal vez algunas asociaciones estén regresando a la esfera pública, como el Día de la Reforma. Pero, salvo el catolicismo y unas pocas denominaciones de tendencia católica, la mayor parte del evangelicalismo se ha olvidado del “Día de Todos los Santos” y, en consecuencia, de “All Hallows’ Eve”. Sin embargo, algunas iglesias están tratando de devolver la festividad a sus raíces cristianas, en un esfuerzo por combatir aquello en lo que se ha convertido en los Estados Unidos. Pero si Halloween no puede volver a sus raíces, como cristianos necesitamos analizar lo que la festividad significa y representa ahora, y luego tomar una decisión sabia y piadosa sobre si celebrarla o no.

Halloween fue en otro tiempo una festividad espiritual positiva para los cristianos, pero hoy tiene asociaciones negativas. Mientras que en la Edad Media la gente iba por ahí orando y cantando por otros, o representando escenas cortas de obras de teatro, hoy algunas personas les hacen bromas pesadas a otros y a veces destruyen la propiedad privada. Y mientras que en la Edad Media la gente se ponía disfraces decentes, hoy las personas (¡incluso algunos cristianos!) usan Halloween como excusa para vestirse de manera inapropiada (con disfraces solo aptos para adultos), o para disfrazarse de personajes malvados sin pensar en el mensaje que eso transmite a los demás. Y algunos hombres, especialmente, ven Halloween como una licencia para faltarles el respeto a las mujeres, aterrorizar a otros y destruir la propiedad pública y privada. Por no mencionar las enormes fiestas en las que suceden cosas impías.

Además, el Halloween de hoy se ha convertido en una festividad muy comercializada, y la gente gasta el dinero que tanto le cuesta ganar en disfraces y accesorios que a veces se oponen a Dios. Dudo que los cristianos estén siendo buenos mayordomos de su dinero cuando lo gastan en estas cosas, aunque podría haber lugar para usar disfraces apropiados con el fin de facilitar la evangelización y la entrega de tratados. Sin embargo, me cuesta mucho creer que Jesús se agradaría de esta estrategia, considerando cómo se vería ante los demás un cristiano “celebrando” Halloween (y no, la etiqueta de “cristianos modernos y en onda” no debería ser una prioridad; “ese pueblo peculiar, diferente y santo” probablemente debería estar en primer lugar). Y estoy bastante seguro de que Jesús nunca se pondría Él mismo uno de esos disfraces (y no, que los creyentes lo hagan no cuenta como “contextualizar” el evangelio; “a todos me he hecho todo, para que de todo punto salve a algunos” no significa disfrazarse de bruja o algo parecido).

¿Y el “Trunk-n-Treat”?

Dicho esto, ¿es el “Trunk-n-Treat” (repartir dulces desde la cajuela de los autos en el estacionamiento de la iglesia) una buena alternativa a Halloween? Bueno, yo no lo llamaría una alternativa, porque simplemente es un cambio de lugar (de los vecindarios al estacionamiento de una iglesia). A menos que, por “alternativa”, te refieras a un evento que reemplaza las fiestas desenfrenadas, el peligroso “truco o trato” y los disfraces indecentes. Pero, de nuevo, a veces incluso los cristianos participan en estas cosas ese día. Sin embargo, hay algunas maneras en que la Iglesia ha recuperado este día para el Señor por medio del “Trunk-n-Treat”, que comenzó en los años 90, aunque todavía incomode a algunos cristianos. Muchas iglesias usan el “Trunk-n-Treat” para atraer a los no creyentes a sus instalaciones, evangelizarlos, repartir tratados, poner música “cristiana” y ofrecer a la comunidad un ambiente seguro, divertido y familiar.

Esas son las cosas que cualquier iglesia que organice un “Trunk-n-Treat” debería estar haciendo activamente ese día. Si no, simplemente se está dejando llevar por la cultura y no está produciendo ningún cambio significativo en la manera en que la sociedad ve y practica Halloween. Si una iglesia no evangeliza, no reparte tratados y no comparte el evangelio, todo el evento es un desperdicio de los recursos de la iglesia, y el evento envía un mensaje equivocado a todos, desde los no creyentes hasta los cristianos maduros en la fe. El mensaje sería: “creemos en unir a la comunidad por cualquier medio necesario, incluso transigiendo en cuanto a quiénes somos como pueblo salvo y santo, nacido de nuevo por Dios; hacer que la gente se sienta segura, feliz y cómoda es lo más importante que hacemos”.

Sí creo en recuperar Halloween para Dios, pero nosotros, como Iglesia, debemos tener mucho cuidado con la manera en que lo hacemos. No podemos darnos el lujo de no compartir el evangelio ese día, sobre todo cuando ponemos tanto esfuerzo en traer personas a nuestras iglesias, que probablemente no visitan en todo el resto del año, excepto quizá en Navidad. La Iglesia en su conjunto necesita salir a proclamar el evangelio a un mundo perdido y moribundo; cada miembro debería participar de alguna manera en dar a conocer a Jesús a quienes visitan el “Trunk-n-Treat” de su iglesia. Los creyentes necesitan recordarle a la gente que la muerte y el mal (las cosas que los no creyentes representan con sus disfraces) son reales, pero que Cristo derrotó todo eso.

¿Y quedarse en casa?

Ahora bien, si eres un creyente que simplemente prefiere quedarse en casa, ¡no apagues las luces! Tú estás llamado a ser la luz del mundo. En lugar de eso, cuando aparezcan niños a tu puerta, diles que también es el Día de la Reforma; cuéntales una historia emocionante y escalofriante de la Biblia; dales dulces con un versículo bíblico o, mejor aún, una tarjeta con la página web de tu iglesia u otro sitio donde se les presente el evangelio; o… ¡preséntales tú mismo el evangelio! No uses Halloween como excusa para no hacer nada por Dios ese día. Tu manera de “protestar” (encerrándote en casa) transmite a los demás un mensaje de rechazo, de un corazón y una mente cerrados. ¡Sé la luz! ¡Haz brillar la luz de Jesús en medio de toda la oscuridad que se ve ese día!

Algunas cosas en qué pensar

Así que no se trata tanto de lo que Halloween solía significar, sino de lo que significa ahora. No se trata tanto de defender nuestra libertad en Cristo para unirnos al mundo en esta festividad, sino de renunciar a nuestros derechos para ser luz al mundo, siendo diferentes y apartados para Él (Mateo 5:14-16). No se trata tanto de quién tiene la razón en este asunto, sino de qué es lo correcto a los ojos del Señor. Y no se trata tanto de averiguar si Halloween es lícito, sino de ver si es provechoso y edificante para la Iglesia y para los no creyentes, que están observando cómo representamos a nuestro Dios.

Jesús dice que debemos permanecer en el mundo, pero que no somos del mundo: “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:14-16). Pero, ¿estás siendo del mundo por la manera en que celebras Halloween? Piensa en eso la próxima vez que decidas con qué clase de disfraz vas a representar a Cristo ese día.

¡Recuperemos este día para Dios! Pero… no nos excedamos mientras lo hacemos. Lleva al mundo la luz de Dios, y no las tinieblas de Satanás.