Hablar con otros acerca de las cosas de Dios puede ser difícil, y a veces nos desanimamos al preguntarnos si nuestras palabras (o las Palabras de Dios) siquiera son escuchadas. Pero no depende de nosotros asegurarnos de que la gente nos escuche; nuestra tarea es simplemente permitirles oír la Palabra de Dios. Romanos 10:17 nos enseña que “la fe es por el oir; y el oir por la palabra de Dios”. Así que hagamos que otros oigan Su Palabra.
En el mundo acelerado en el que vivimos hoy, a muchos les resulta una molestia que alguien los detenga para hablarles de Dios. Dicen que no tienen tiempo para esas conversaciones, pero esas conversaciones son las más importantes que tendrán en su vida. Todos tenemos un sentido de lo espiritual, y todos reflexionamos sobre las grandes preguntas de la vida en algún momento: ¿Cómo llegué aquí? ¿Por qué estoy aquí? ¿Adónde voy? ¿Hay vida después de la muerte? ¿Volveré a ver a mi familia? Como cristianos, nosotros tenemos esas respuestas…
¿Por qué hablar?
Ahora bien, quizás algunos de ustedes se pregunten: “¿Por qué debería hablar de Dios o evangelizar a otros? ¿No hay evangelistas y misioneros para eso?”. Bueno, sí, los hay, pero recuerda lo que dijo Jesús: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”. Y adivina qué: todos somos, en alguna medida, esos “obreros”. En Mateo 28:19, Jesús les dijo a Sus discípulos (y, por extensión, a todos los creyentes): “Por tanto, id, y doctrinad a todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Nota que Jesús no dijo que les dijeran a los evangelistas y misioneros que hicieran eso; Su gran comisión es para todos y cada uno de los que se llaman Sus discípulos.
En resumen, debemos hablarles a otros de Dios porque Él lo dijo. Pero, mucho más que eso, ¡debemos evangelizar a otros porque tenemos un mensaje que es verdadero! Tenemos un mensaje que no fue inventado por hombres. Pedro lo expresó así: “Porque no os hemos dado a conocer (nosotros, los apóstoles) la potencia y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas por arte compuestas; sino como habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad” (2 Pedro 1:16). Y Juan, por su parte, afirmó: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). La historia de Jesús realmente sucedió; porque ¿quién moriría por algo que sabe que es mentira?
La verdad del evangelio es lo que impulsó a los discípulos a seguir predicando y sanando en el nombre de Jesús, a pesar de ser perseguidos, golpeados y encarcelados. ¡Nada ni nadie los iba a detener, porque realmente habían visto al Salvador resucitado! En Hechos 4:19-20, después de que les advirtieran que no hablaran en el nombre de Jesús, Pedro y Juan les dijeron a los judíos: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer antes a vosotros que a Dios: porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”. Tenían que seguir hablando.
¿Y si no le caigo bien a la gente?
¿Y si no le caes bien a la gente? Bueno… ¿y si te persiguen como a los apóstoles? O peor aún, ¿y si eres culpable de negar al mismo Señor que te salvó (Mateo 10:32-33)? Los apóstoles fueron perseguidos, y la mayoría murió como mártir, a causa de su testimonio de Cristo. No nos preocupemos tanto por no caerle bien a la gente, buscando agradarla al no molestarla; más bien, busquemos agradar a nuestro Señor, que dio Su vida por nosotros (Gálatas 1:10). Los apóstoles tenían esta mentalidad cuando salían a evangelizar; no les importaba lo que la gente pensara de ellos, sino solo lo que Dios pensaba de ellos.
Por lo tanto, la próxima vez que te descubras dándole más importancia a la opinión y la aceptación de los demás que a las de Dios, o que te sientas tímido para compartir a Cristo con otros, recuerda estos versículos:
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” - Mateo 6:33
“Porque, ¿persuado yo ahora a hombres o a Dios? ¿o busco de agradar a hombres? Cierto, que si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.” - Gálatas 1:10
“Porque no me avergüenzo del evangelio: porque es potencia de Dios para salud a todo aquel que cree; al Judío primeramente y también al Griego.” - Romanos 1:16
“Señor, mira sus amenazas, y da a tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra.” - Hechos 4:29
“Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres levantó a Jesús… A éste ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.” - Hechos 5:29-32
“¡Ay de mí si no anunciare el evangelio!” - 1 Corintios 9:16
“Misericordia y verdad no te desamparen; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón: y hallarás gracia y buena opinión en los ojos de Dios y de los hombres. Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no estribes en tu prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” - Proverbios 3:3-6
“El temor de Jehová es el principio de la sabiduría; y la ciencia de los santos es inteligencia.” - Proverbios 9:10
Sigue hablando
Por lo tanto, así como los apóstoles siguieron hablando en el nombre de Jesús, sigamos su ejemplo de valentía, seguridad y fe. Un mundo perdido y moribundo no llega a Cristo por medio de discípulos callados. Debemos alzar la voz por Cristo, honrar a Dios y guiar a las personas a Su verdad que salva. Como dice el famoso lema de Nike: “Just Do It!” [¡Solo hazlo!]. Ora pidiendo valentía como lo hicieron los discípulos, y Dios te dará Sus Palabras para hablarles a tu familia y a tus amigos; Él irá delante de ti, preparará su corazón y su mente, y hará una obra en ellos, aunque sea poco a poco. Mientras tanto… sigue hablando.








