¡Cuánto beneficio obtendríamos todos si hiciéramos preguntas sobre una de las cosas que Jesús más hizo durante Su ministerio: orar! A muchas personas les cuesta orar, pero si supieran lo crucial que es, no lo pensarían dos veces antes de pasar tiempo con Dios en oración. Estudiar el tema de la oración (y orar en sí) es tan importante que vamos a dedicar dos artículos a esta doctrina, con la esperanza de que tu fe y tu vida de oración se fortalezcan.

Primero, definamos qué es la oración. La oración es, en esencia, comunicación personal con el Dios vivo. Es una definición amplia a propósito, para que abarque las oraciones de petición o súplica, la intercesión, la confesión, la adoración, la alabanza y la acción de gracias, e incluso la manera en que Dios nos responde por medio de la oración. A continuación responderemos siete preguntas sobre la oración que quizás te hayas hecho en algún momento. Son preguntas que todo cristiano maduro debería poder responder a quienes se las hagan.

1.) ¿Por qué quiere Dios que oremos?

Básicamente, Dios quiere que oremos porque Él lo dice. Pero, por supuesto, hay más que eso: la oración expresa nuestra confianza en Dios y es un medio por el cual nuestra confianza en Él puede crecer. Dios sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos (Mateo 6:8), así que a veces podríamos sentir la tentación de pensar: «Entonces, ¿para qué voy a orar? Dios sabe lo que necesito, y sabe que lo amo. Parece una pérdida de tiempo». A lo cual responderíamos: «Bueno, tu cónyuge también sabe más o menos lo que necesitas a veces, y también sabe que lo amas; entonces, ¿para qué pierdes el tiempo comunicándote con él o con ella?».

¿Ves? No se trata de practicidad, sino de intencionalidad. Dios quiere que oremos porque es nuestro Padre y desea tener comunión con nosotros; Él se deleita en nuestra comunión (Salmos 149:4) y en nuestro amor por Él, expresado por medio de la oración (Proverbios 15:8). Y otra razón por la que debemos orar es que, por medio de la oración, Dios nos permite participar en actividades de importancia eterna, como el avance del Reino cuando oramos por otros, como hizo Jesús (Juan 17).

2.) ¿Por medio de quién debemos orar?

Esta debería ser obvia. Sin Cristo no podríamos comunicarnos con Dios, por mucho que oráramos. La Biblia dice en 1 Timoteo 2:5: «Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre». Nuestro mediador no es la Virgen María; no es el papa; ni siquiera es tu pastor… nuestro único mediador es Cristo. Jesús, por medio de Su sangre, nos permite entrar con confianza en la presencia de Dios el Padre, como hacían los sacerdotes del Antiguo Testamento cuando entraban en el Lugar Santísimo (Hebreos 10:19).

Pero esto plantea la pregunta de si Dios oye o no las oraciones de los incrédulos, ya que ellos no tienen a Cristo. Creemos que Dios está al tanto de las oraciones de los incrédulos, pero también creemos que quizás solo responde sus oraciones de arrepentimiento y fe en Cristo, en caso de que confiesen por medio de una oración que creen en Él. Sin embargo, Dios no tiene ninguna obligación de responder las oraciones de los incrédulos. Por lo tanto, debemos dar gracias a Dios, por medio de Jesús, porque Él proveyó ese Camino (Jesús) para que podamos comunicarnos y tener comunión con Él. Es de verdad un privilegio.

3.) ¿Qué significa orar «en el nombre de Jesús»?

Estoy seguro de que todos hemos oído (o incluso hecho nosotros mismos) ese «rescate» al final de una oración que dice: «¡Ah, y todo esto te lo pido en el nombre de Jesús!». A veces incluso se nos olvida decir estas palabras y empezamos a sentirnos inseguros acerca de nuestras oraciones. Pero ¿tienen estas palabras un poder especial? ¿Son parte de una fórmula mágica para orar? ¿Son algo que debemos decir para que nuestras oraciones sean eficaces, o siquiera para que sean oídas? La respuesta, por supuesto, es no.

«Venir en el nombre de alguien significa que otra persona nos ha autorizado a venir con Su autoridad, no con la nuestra. Por lo tanto, orar en el nombre de Jesús significa orar con Su autorización. Orar en el nombre de Jesús también implica orar de una manera coherente con Su carácter, que lo represente verdaderamente y refleje Su manera de vivir y Su propia santa voluntad» (Wayne Grudem). Así que, en un sentido muy real, orar en el nombre de Jesús significa orar conforme a Su voluntad y con Su autoridad.

Las palabras «en el nombre de Jesús» no son un ingrediente necesario de nuestras oraciones, siempre que en nuestro corazón sepamos que solo gracias a Cristo tenemos siquiera la capacidad y la autoridad para orar a Dios el Padre. Sin duda, hay poder incluso en el nombre de Jesús; pero lo que decimos es que la frase específica «en el nombre de Jesús» no es un requisito para que Dios oiga nuestras oraciones ni para que sean eficaces.

De hecho, en el N.T. no hay ninguna oración registrada que tenga añadida la frase «en el nombre de Jesús» en ninguna parte; ni al principio, ni en medio, ni al final de ninguna oración de las Escrituras. Los apóstoles sencillamente sabían y hacían suya la verdad de que sus oraciones eran oídas por la autoridad de Jesús y por Su sangre; y también sabían que todos los milagros que realizaban los hacían con la autoridad de Jesús (Marcos 16:17; Hechos 3:1-16; Juan 14:13).

4.) ¿Podemos orar directamente al Espíritu Santo?

El patrón predominante de oración en la Biblia es, por supuesto, la oración dirigida a Dios el Padre. En el N.T. también encontramos ejemplos de oraciones dirigidas directamente a Jesús, porque, después de todo, Él es Dios (Hechos 1:24, 7:59; 1 Corintios 16:22; 2 Corintios 12:8). Pero en ninguna parte del N.T. aparece una oración dirigida directamente al Espíritu Santo, así que debemos responder esta pregunta en términos teológicos.

Nuestra conclusión teológica y lógica es que sí podemos orar al Espíritu Santo, porque Él también es Dios. Y como Él es quien mora en nosotros, no tendría ningún sentido decir que no podemos orarle. Pero en nuestra vida de oración, a menos que haya una buena razón para invocarlo y dirigirnos a Él directamente, lo mejor es seguir el patrón establecido en las Escrituras: orar a Dios el Padre o a Jesús por medio del Espíritu Santo.

5.) ¿Cuál es el papel del Espíritu Santo en la oración?

El ministerio del Espíritu en nuestra vida de oración es muy importante. En Romanos 8:26-27 la Biblia dice: «el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles… porque conforme a la voluntad de Dios, demanda por los santos». Así que el papel del Espíritu es interceder por nosotros, porque somos débiles y no sabemos qué ni cómo orar.

Como nota aparte, en los versículos citados arriba se dice que el Espíritu gime. A veces las personas interpretan estos versículos como si significaran que hablamos en lenguas. Pero la frase «gemidos indecibles» no significa hablar en lenguas. Dice «indecibles», es decir, que las palabras no alcanzan para expresarlos, así que eso también excluiría las lenguas. Además, dice que es el Espíritu quien intercede; es Él quien gime, no nosotros, así que esta frase no puede significar que estaríamos hablando en lenguas. Por último, la palabra «gemir» aquí, igual que en la primera parte del capítulo ocho, se usa de manera metafórica.

6.) ¿Cuáles son algunas características de la oración eficaz?

Hay ciertas cosas que deben estar presentes en la oración para que sea eficaz. No es que las oraciones deban tener todas las características siguientes; simplemente, las oraciones son mejores si sí las incluyen (lista tomada de Systematic Theology, de Wayne Grudem):

  • Orar conforme a la voluntad de Dios (1 Juan 5:14-15; Mateo 26:39)

  • Para hacerlo bien, es bueno conocer las Escrituras

  • También puedes pedir sabiduría (Santiago 1:5-8)

  • Orar con fe (Marcos 11:24; Hebreos 11:6)

  • Confesar nuestros pecados (Mateo 6:12; 1 Juan 1:9)

  • Perdonar a otros (Marcos 11:25; Mateo 6:12)

  • Tener humildad (Lucas 18:11-14; Santiago 4:6; 1 Pedro 5:5)

  • Orar con regularidad (1 Tesalonicenses 5:17; Colosenses 4:2)

  • Orar con fervor (Hebreos 5:7; Marcos 14:36, 39)

  • Orar repetidamente (Lucas 11:5-12; 18:1-7)

  • Orar en privado (Daniel 6:10; Lucas 5:16; Mateo 6:6)

  • Orar con otros (Hechos 4:24; Mateo 6:11-13)

7.) ¿Qué tiene de especial el ayuno?

Ayunar es pasar muchas horas sin comer. En inglés, la palabra para desayuno (breakfast) significa literalmente «romper el ayuno» de la noche. El ayuno aparece a lo largo de toda la Biblia, y siempre parece ser eficaz. Entonces, ¿escucha Dios mejor a las personas que tienen hambre? Eso es lo que muchos cristianos parecen pensar cuando oyen a otros hablar del ayuno, pero una comprensión correcta de esta práctica disipará las ideas falsas que a menudo se creen.

Lo importante no es el acto de ayunar; saltarse comidas no es lo que en última instancia tiene importancia; lo que marca la diferencia es lo que haces en lugar de comer. Por ejemplo, si un ser querido tuviera un accidente y tú te perdieras el almuerzo para ir a verlo al hospital, lo central no sería haberte saltado la comida, sino ir a ver a tu amigo. Lo mismo ocurre con el ayuno para orar: la oración es la parte vital.

En el A.T., el ayuno solía estar relacionado con presentar una petición delante de Dios (Nehemías 1:4; Ester 4:3), y otras veces con el arrepentimiento (Joel 2:12). En el N.T., el ayuno con oración también se practicaba en tiempos de intercesión intensa (Hechos 10:30), arrepentimiento, adoración (Lucas 2:37; Hechos 13:2) y búsqueda de dirección (Hechos 14:23). El ayuno nos permite humillarnos delante de Dios, enfocar nuestra mente y nuestro corazón en Él y depender de Él (y no de la comida) para tener fuerzas antes de presentar nuestras peticiones. El ayuno también puede ayudarnos a desarrollar dominio propio, porque cuando aceptamos voluntariamente y por un tiempo este pequeño «sufrimiento» del ayuno, estaremos más dispuestos a aceptar otros sufrimientos por causa de la justicia.

Pero cuando ayunemos, debemos recordar las palabras de Jesús en Mateo 6:16-18:

«Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer a los hombres que ayunan: de cierto os digo, que ya tienen su pago. 17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro; 18 Para no parecer a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público».

* Parte de la información presentada aquí se tomó del libro de texto Systematic Theology de Wayne Grudem y de Old Testament Today de Walton y Hill.