Entra en cualquier librería, recorre cualquier tienda de aplicaciones o escucha cualquier pódcast popular, y te ofrecerán paz…en cien empaques diferentes. Siete hábitos para una vida más tranquila. Un cristal para la ansiedad. Un viaje para “encontrarte a ti mismo”. Nunca hemos tenido más productos, programas y filosofías que prometen paz, y sin embargo nunca hemos parecido más ansiosos, inquietos y vacíos. ¿Por qué?
Como el oro de los tontos (la pirita), mucho de lo que hoy se vende como paz brilla lo suficiente para parecer auténtico. Pero cuando intentas cobrarlo, sobre todo cuando la vida se desmorona, demuestra no valer nada. Veamos por qué los muchos caminos del mundo hacia la paz se quedan cortos, y por qué Jesucristo da una paz que nada ni nadie más puede dar.
Dos clases de paz
La palabra hebrea para paz, shalom, significa mucho más que la ausencia de conflicto; significa plenitud, que todo esté como debe estar. La palabra griega eirēnē lleva la misma idea, especialmente la paz de haber sido puesto en una relación correcta con Dios.
La Biblia habla de dos clases de paz, y el orden importa:
- La paz con Dios. Esta es nuestra posición delante de Él. “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). Es un hecho, lo sientas o no.
- La paz de Dios. Esta es la calma interior que guarda el corazón de quienes ya le pertenecen. “Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).
¿Ves el problema con el enfoque del mundo? Casi todas las prácticas que prometen paz intentan darte la sensación de paz sin tratar nunca tu posición delante de Dios. Es como pintar sobre una grieta en los cimientos: el problema sigue ahí…y está empeorando.
1.) La autoayuda: paz mejorándote a ti mismo
La industria de la autoayuda te dice que la paz se encuentra en convertirte en una mejor versión de ti mismo. Ponte mejores metas, forma mejores hábitos, piensa pensamientos más positivos, y repite conmigo: “Eres suficiente”.
Para ser justos, no todo lo que dice un libro de autoayuda está mal; los buenos hábitos, el descanso y la planificación sabia sí nos ayudan (¡Proverbios está lleno de sabiduría práctica!). Pero aquí está la trampa: la autoayuda supone que tú eres la solución, cuando la Biblia dice que tú eres el problema. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9; ve también Romanos 3:23).
No eres suficiente; ninguno de nosotros lo es. Y eso en realidad es una buena noticia, porque el peso de arreglarte a ti mismo nunca debió descansar sobre tus hombros. La autoayuda te entrega una carga más pesada y la llama libertad. Jesús hace lo contrario: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28-29). Incluso los cristianos caen en esta trampa y convierten versículos como Filipenses 4:13 en frases motivacionales.
2.) El autodescubrimiento y la Nueva Era: paz al encontrar al “dios interior”
Los movimientos del autodescubrimiento y de la Nueva Era van un paso más allá. Enseñan que la paz viene de mirar hacia adentro: descubrir tu “verdadero yo”, tu “divinidad interior” o tu unidad con “el universo”. Libros populares incluso prometen que, por la “ley de la atracción”, puedes manifestar la vida que quieres. En Understanding The Times, David Noebel llama a esta cosmovisión humanismo cósmico: la creencia de que todos somos parte de Dios y solo necesitamos despertar a nuestra propia divinidad (ve también GotQuestions.org sobre el movimiento de la Nueva Era (en inglés)).
Es la mentira más antigua de todas: “seréis como dioses” (Génesis 3:5). La serpiente vendió esa idea en el huerto, y no trajo paz; trajo vergüenza, miedo y separación de Dios. La Nueva Era no eleva al hombre hasta Dios; simplemente rebaja a Dios al nivel del hombre. Como lo dijo Pablo, “mudaron la verdad de Dios en mentira, honrando y sirviendo a las criaturas antes que al Criador” (Romanos 1:25). (Ve ¿Somos pequeños dioses?)
Y si tú eres dios, ¿quién perdonará tus pecados? Un dios interior no puede salvarte, porque el dios interior eres tú…y tú eres el que necesita ser salvado.
3.) Las religiones orientales y la meditación: paz al escapar del yo
Muchas personas buscan paz en las religiones orientales y la meditación. El budismo enseña que toda la vida es sufrimiento, que el sufrimiento es causado por el deseo, y que la paz se encuentra al extinguir el deseo por completo; la meta, el nirvana, significa literalmente “apagar”, como se apaga una vela. El hinduismo enseña que estamos atrapados en un ciclo interminable de renacimientos (samsara) impulsado por nuestras obras (karma), y que la liberación llega solo cuando comprendemos que nuestro yo es uno con la realidad última impersonal (Brahman). (Neighboring Faiths, de Winfried Corduan, es una introducción útil y justa a ambas). En estos sistemas, la paz viene de perderte a ti mismo o de escapar de tu individualidad. No hay un Dios personal que te ame, no hay perdón y no hay gracia, solo el largo y solitario trabajo de desprenderse del mundo.
La meditación bíblica es radicalmente diferente: no vacía la mente, sino que la llena con la Palabra de Dios y con quién es Él (Salmos 1:2). “Tú le guardarás en completa paz, cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti se ha confiado” (Isaías 26:3). La paz no viene de mirar fijamente al vacío; viene de fijar los ojos en una Persona. (Ve también GotQuestions.org sobre la meditación cristiana (en inglés)).
4.) Otras religiones: paz por mérito propio
La mayoría de las religiones del mundo coinciden en algo: debes ganarte la paz con Dios haciendo suficiente bien para compensar el mal. El islam, por ejemplo, comparte raíz con la palabra árabe para paz (salaam), pero la palabra en sí significa sumisión, y el Corán enseña que en el Día del Juicio se pesarán las obras de cada persona: aquellos cuya balanza pese mucho prosperarán, y aquellos cuya balanza pese poco se perderán (Corán 7:8-9). Ni el musulmán más devoto puede saber si su balanza pesará lo suficiente.
¿Cómo puedes estar en paz si nunca sabes si has hecho lo suficiente? Una religión de méritos solo puede darte una de dos cosas: orgullo (si crees que te va bien) o desesperación (si eres honesto sobre cuán a menudo fallas). Ninguna de las dos es paz.
El evangelio es el único mensaje que dice que la obra ya fue hecha por ti. Jesús no vino a darnos una balanza más pesada; vino a pagar la deuda que nunca podríamos pagar. “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5). La salvación es un regalo que se recibe por fe, no un salario que se gana por obras (ve ¿Es la fe una obra, un don o ninguno de los dos?). Esta paz no la logras, no la manifiestas ni la ganas; la recibes.
5.) Las filosofías seculares: paz al aceptar tu destino
Finalmente, muchos recurren a las filosofías seculares. El estoicismo, de nuevo popular hoy, enseña a las personas a enfocarse solo en lo que pueden controlar y a aceptar con calma lo que no pueden. Otros abrazan el naturalismo: no hay Dios, no hay propósito último, no hay vida después de la muerte, así que disfruta el viaje.
Hay algo de sabiduría en aceptar lo que no puedes cambiar. Pero una paz que depende de bajar tus expectativas no es paz; es resignación. Si no hay Dios, entonces no hay un sentido último para tu sufrimiento, no hay justicia para los males que te han hecho y no hay esperanza más allá de la tumba. En Making Sense Of God, Timothy Keller muestra cómo una cosmovisión secular tiene dificultades para proveer lo que todo corazón anhela: sentido, satisfacción, identidad y una esperanza que pueda sobrevivir al sufrimiento y a la muerte. Puedes decirte a ti mismo que estás en paz con eso…pero tu corazón sabe que no es así.
Por qué Jesús da lo que nada más puede dar
¿Qué hace diferente la paz de Jesús? Él mismo nos lo dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Así es como su paz es diferente de todo lo que hemos visto:
- Trata el problema de raíz. Nuestra inquietud más profunda no viene de malos hábitos ni de demasiado deseo; viene de nuestro pecado, que nos separa de un Dios santo. Jesús nos reconcilia con Dios, “pacificando por la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20).
- Es personal. Jesús no solo enseña una técnica para tener paz; “él es nuestra paz” (Efesios 2:14). Él es el “Príncipe de paz” (Isaías 9:6), y la paz se encuentra en una relación con Él.
- No depende de tus circunstancias. “Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Pablo escribió de esa paz desde una celda (Filipenses 4:7).
- Es verdadera. Una paz construida sobre una mentira tarde o temprano se derrumba, pero Jesús es “el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).
- Dura para siempre. Toda otra clase de paz termina, a más tardar, en la tumba. La paz de Jesús te lleva a través de la muerte y hasta la eternidad con Él.
Reflexión
Hace más de 1.600 años, Agustín escribió: “Nos hiciste para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Tenía razón. Fuiste creado para Dios, y nada menos le dará jamás a tu alma el descanso que anhela. Por medio de Jeremías, Dios describió la necedad de buscar en cualquier otro lugar: “dos males ha hecho mi pueblo: dejáronme a mí, fuente de agua viva, por cavar para sí cisternas, cisternas rotas que no detienen aguas” (Jeremías 2:13).
La autoayuda, la Nueva Era, la meditación oriental, otras religiones y las filosofías seculares son todas cisternas rotas. Pueden retener un poco de agua por un poco de tiempo, pero nunca pueden saciar tu sed. Deja de cavar, y ven a la Fuente.
Si has estado buscando paz en libros, prácticas e ideas que te dejan más cansado que cuando empezaste, ven a Jesús hoy. Arrepiéntete de tus pecados, confía en lo que Él hizo por ti en la cruz y recibe la paz con Dios que solo Él puede dar (Romanos 10:9). Y si ya lo conoces pero tu corazón ha estado turbado últimamente, lleva tus ansiedades a Él en oración, y deja que su paz guarde de nuevo tu corazón y tu mente.
El mundo vende oro de los tontos. Jesús da lo verdadero…y lo da gratuitamente. Amén.








