Una pregunta bastante extraña, ¿verdad?… ¿Tenía fe Jesús? Pero, si lo piensas, tiene sentido hacerla. Es bastante fácil demostrar que los patriarcas del Antiguo Testamento y los apóstoles y discípulos de Jesús del Nuevo Testamento tenían fe, o les faltaba. La Biblia está llena de versículos que afirman que todas estas personas tenían fe en Dios o en Cristo. Pero lo que no vemos escrito expresamente en las Escrituras es la declaración de que Cristo mismo tenía fe, al menos no con esas palabras. Esta idea solo puede establecerse mediante una lectura cuidadosa, una interpretación meticulosa y un razonamiento teológico y lógico de nuestra parte.
No solo esta pregunta es importante, sino también las muchas otras preguntas que se desprenden de ella, pues cada una tiene numerosas implicaciones y ramificaciones que debemos conciliar para llegar a la verdad. Entre algunas de estas preguntas secundarias están: 1.) Si Cristo tenía fe, ¿la tenía en cuanto a Su naturaleza divina o en cuanto a Su naturaleza humana? 2.) Si Cristo tenía fe, ¿en quién la puso: en Dios Padre, en sí mismo o en el Espíritu Santo? 3.) ¿Se nos exige tener la misma clase de fe que tuvo Cristo para ser salvos? 4.) Si Cristo tiene fe, ¿no significa eso que Dios tiene fe? Si es así, ¿cómo? Uno puede ver rápidamente las consecuencias que implicaría decir que Cristo tenía fe, y eso es lo que intentaremos descubrir en este artículo.
En algunos casos, usaremos lado a lado las traducciones inglesas ESV y KJV mientras intentamos interpretar estos pasajes y versículos clave.
Definición de fe
La fe es “confianza o dependencia de Dios, basada en que le tomamos la palabra y creemos lo que ha dicho”. El erudito del griego William Mounce, en su Complete Expository Dictionary, afirma que la fe significa “creencia, confianza y seguridad”. Y según el teólogo Millard Erickson, en su libro Christian Theology, la fe es “un aferrarse del corazón a la divina Palabra de la promesa, un apoyarse en el poder y la fidelidad de Dios… creer lo que alguien dice, aceptar una afirmación como verdadera; creer en algo o en alguien y comprometerse con ello”.
La fe, entonces, es básicamente confiar en alguien o en algo; es una decisión que podemos tomar o no. La Biblia dice que nuestra fe debe estar en Dios, solo en Cristo. Jesús es lo que los teólogos llaman el “objeto” de nuestra fe. Él es aquel en quien ponemos nuestra confianza, porque solo Él llevó a cabo a la perfección la obra que Dios requería; por lo tanto, solo Él tiene verdaderamente el poder para salvar. Así que ahora debemos preguntar: si Cristo tenía fe, ¿quién era el objeto de Su fe?
Consideraciones teológicas
Primero, examinaremos los datos bíblicos sobre la cuestión de la fe de Cristo y llegaremos a una conclusión teológica aceptable mediante el razonamiento inductivo. El primer versículo que veremos se encuentra en Hebreos 11:6, que dice: “Empero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.
Puede que esto no te llame la atención a primera vista, pero vuelve a leer el versículo y pregúntate lo siguiente: si es imposible agradar a Dios sin fe, ¿no habría tenido Jesús que poseer fe para agradar a Dios? ¡Por supuesto! Y cuando el Padre dice en el bautismo de Jesús: “en el cual [Jesús] tengo contentamiento”, ¿no cierra esto el caso de que Jesús tenía fe? Porque, si Dios Padre se complacía en Jesús, entonces Jesús debía tener fe, ¡porque es imposible agradar a Dios sin fe!
Hay otro pasaje del que podemos inferir que Jesús en verdad tenía fe, y se encuentra en Mateo 27:43, que dice: “[Jesús] Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho [Jesús]: Soy Hijo de Dios”. A partir de este versículo, que relata una escena de la crucifixión de Jesús, podemos concluir al menos que otros creían que Jesús tenía fe en el Padre; aunque, claro, eso podría deberse a que ellos negaban la deidad de Jesús. Y, como mucho, a partir de este versículo podemos inferir que Jesús realmente tenía fe en Dios Padre y demostró ese hecho varias veces.
El último versículo que examinaremos desde el punto de vista teológico es Hebreos 10:38 (que se repite en Gálatas 3:11), que dice: “Ahora el justo vivirá por fe; mas si se retirare, no agradará a mi alma”. Si el pasaje de Hebreos habla del Mesías, como muchos creen, entonces está diciendo que Jesús, el Justo, vivió por fe. Aun si el versículo no hablara del Mesías, sigue siendo cierto que, si la persona en cuestión no tuviera fe, Dios no se agradaría de ella. Pero, como vimos arriba, Dios se complacía en Jesús (Mateo 3:17).
Algunos podrían decir que Jesús tenía fe en sí mismo y en quién era, y bien podría ser así (y no estaría mal), pero si Jesús ha de ser para nosotros un ejemplo de cómo relacionarnos con Dios, creemos que es mejor decir que Jesús tenía fe en Dios Padre. En otras palabras, el objeto de la fe de Jesús era Su Padre. Jesús confiaba en que el Padre lo vindicaría y lo resucitaría de entre los muertos. Ahora bien, esto tiene más sentido con respecto a Su naturaleza humana, pero quizás haya espacio para decir que, incluso dentro de la Trinidad, existe una confianza plena entre cada una de las Personas.
Consideraciones gramaticales
Uno de los problemas de traducción que ha complicado la cuestión de si Jesús tenía fe o no es resultado de una aparente incertidumbre gramatical. Considera el siguiente pasaje, Romanos 3:21-22, presentado primero en la KJV y luego en la ESV (énfasis añadido):
- “But now the righteousness of God without the law is manifested, being witnessed by the law and the prophets; Even the righteousness of God which is by faith OF Jesus Christ unto all and upon all them that believe” [Pero ahora, sin la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y los profetas; es decir, la justicia de Dios que es por la fe DE Jesucristo, para todos y sobre todos los que creen] (KJV).
- “But now the righteousness of God has been manifested apart from the law, although the Law and the Prophets bear witness to it—the righteousness of God through faith IN Jesus Christ for all who believe” [Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, aunque la Ley y los Profetas dan testimonio de ella: la justicia de Dios por medio de la fe EN Jesucristo para todos los que creen] (ESV).
Hay una enorme diferencia entre las preposiciones “of” [de] e “in” [en], y esa diferencia ha sido causa de muchos debates teológicos y de traducción. El versículo de la KJV parece decir que somos hechos justos a causa de la fe de Cristo, lo cual tiene sentido teológico y suena bien. El versículo de la ESV parece decir que somos hechos justos a causa de nuestra fe en Cristo, lo cual también tiene sentido teológico y suena bien. Entonces, ¿cuál es?
Hay otros versículos que tienen esta construcción en el griego y que podrían tener sentido de cualquiera de las dos maneras (Filipenses 3:9; Gálatas 2:16), pero nuestra investigación nos lleva a concluir que la traducción correcta en todos estos casos es “fe en Cristo” y no “fe de Cristo”. Parte de la cuestión surge del hecho de que en el texto griego original no hay preposición; solo está implícita, y les corresponde a los traductores descubrirla. Esta lectura no disminuye la obra de Cristo ni Su fidelidad al pacto. El teólogo Michael Bird afirma:
“Recordemos también que la ‘fe en Cristo’ no es simplemente asentir a una doctrina acerca de Cristo. La fe en Cristo significa confiarnos al acontecimiento del evangelio, que incluye el acto teocéntrico de liberación obrado por Dios en Jesús, el cual incluye su venida, su fidelidad, su muerte y su resurrección. Por lo tanto, yo diría que la fidelidad de Jesús está implícita no en el sustantivo pistis [fe], sino en christos [Cristo]”.
Para un artículo más profundo sobre este tema, lee este artículo de The Gospel Coalition.
El grupo que prefiere la lectura “fe de Cristo” sostiene que debe traducirse con “de” porque eso enfatiza el hecho de que solo Cristo tenía la clase o la cantidad de fe necesaria para obtener o alcanzar la salvación. Estos hermanos y hermanas suelen presuponer que la fe es un don que Dios nos da y que, sin ese don, estaríamos condenados. Necesitar la cantidad o la clase de fe que tuvo Cristo para ser salvos tendría sentido si la fe fuera un don, pero nuestra fe no es un don de Dios: es una acción y una postura que nosotros tomamos y poseemos como respuesta al evangelio. Para saber más sobre este tema, visita nuestro artículo: ¿Es la fe una obra, un don o ninguno de los dos?
Conclusión
Hay quienes tienen problemas para afirmar que Jesucristo tenía fe, porque ¿cómo podría Jesús, siendo Dios, tener fe? Para algunos eso no tiene sentido, pues ¿en qué o en quién tendría fe? ¡Él es el objeto de nuestra fe! Es una objeción notable. Pero, si recordamos que Dios es un Dios trino, es decir, que es tres Personas, este argumento empieza a perder peso. Bien podría ser que dentro de la Trinidad exista una confianza eterna y perfecta en cada persona de la Deidad, así como también existe un amor eterno entre ellas. Y también podría ser que Jesús tenga fe en quién es Él como el Mesías, aunque este es un contraargumento mucho más débil.
Resulta muy atractivo decir y escuchar que solo la fe de Cristo es lo que nos da Su justicia y que no tenemos absolutamente ninguna parte en el proceso de la salvación, pero eso no es lo que enseña la Biblia. Por supuesto, Dios es el originador y el sustentador de nuestra fe, pues Él nos da la capacidad de confiar en alguien; pero una cosa es decir que Él nos da la capacidad de confiar, y otra muy distinta decir que nos da automáticamente esta fe o confianza en Él. Si así fuera, todos serían salvos. Es mejor no disminuir la acción que Dios espera que tomemos en respuesta al evangelio: tener fe en Cristo, no tener la fe de Cristo.
Para que quede claro, al afirmar que no es la fe de Cristo la que nos salva per se, no pretendemos desacreditar la fe que Cristo tuvo ni la fidelidad que demostró al pacto. Cristo sí tuvo una gran fe y fue perfectamente fiel a la Ley, y este hecho sí es parte de la razón por la que somos salvos cuando creemos en Él, porque fue perfecto en todo sentido, agradó a Dios Padre y fue, por lo tanto, el sacrificio perfecto por nuestros pecados. Simplemente queremos señalar que sigue siendo nuestra responsabilidad tener fe en Cristo para ser salvos y ser hechos justos; la fe de Cristo no se infunde en nosotros para que seamos salvos. Si así fuera, también andaríamos perfectamente en los estatutos de Dios. Lo que se nos imputa es Su justicia, no Su fe.








