Recordemos de qué no trata esta serie de dos artículos. Esta serie no busca darles a los cristianos permiso para no dar nada. Tampoco busca convencer a los cristianos de que den menos o de que sean tacaños con Dios. Y, por último, esta serie no busca excusar al corazón duro que se resiste a dar con abundancia y con sacrificio. En esta parte de nuestra serie de dos entregas sobre el diezmo, repasaremos algunas definiciones cruciales y luego desmontaremos y refutaremos los pasajes del Nuevo Testamento que más usan los defensores del diezmo para “animar” a la gente a dar. Después te recordaremos cómo debería ser hoy un modelo bíblico para dar en el caso de los cristianos del Nuevo Pacto, y concluiremos con algunas reflexiones más sobre el tema.

Si no has leído la primera entrega de esta serie, Parte 1: en el Antiguo Testamento, te invitamos a hacerlo para que entiendas mejor los argumentos que presentamos a continuación.

Definiciones

Antes de continuar con nuestro estudio, necesitamos reiterar qué queremos decir con diezmos y ofrendas. Diezmar no es sinónimo de dar. Si concluyéramos que los cristianos no estamos obligados a diezmar, no estaríamos diciendo que no se espera que demos. Un diezmo, según la Biblia, es el 10 % de algo (Números 18:21; Levítico 27:30, 32; Deuteronomio 14:22-27, 28-29). Pero ¿el diez por ciento de qué? En la Ley mosaica, el diezmo consistía en dar el 10 % del producto de las cosechas cultivadas en la tierra de Israel o del ganado que se alimentaba de la tierra de Israel: siempre estaba ligado a la tierra de Israel, y no se basaba en los ingresos de la persona. El diezmo se daba varias veces al año y, en realidad, sumaba al menos un 20 % (hablamos más de esto en la parte 1).

Una ofrenda, según la Biblia, era básicamente sinónimo de “sacrificios” (como los sacrificios de animales), pero también incluía granos y vino. En sentido estricto, no significa “dar por encima” del diezmo. Si bien es cierto que algunas ofrendas del A.T. eran voluntarias (por ejemplo, la ofrenda de paz), otras eran definitivamente obligatorias (por ejemplo, el holocausto para la expiación de los pecados). Había cinco tipos de ofrendas, todas en Levítico: el holocausto (Levítico 1:1-17; 6:8-18), la ofrenda de cereal (Levítico 2:1-16; 6:14-23), la ofrenda de paz (Levítico 3:1-17; 7:11-36), la ofrenda por el pecado (Levítico 4:1-5:13) y la ofrenda por la culpa (Levítico 5:14-6:7). Los diezmos y las ofrendas deben mantenerse diferenciados, pues cada uno cumplía propósitos muy distintos.

En el Nuevo Testamento

Ahora que, gracias a la parte 1 de esta serie, sabemos cómo era el diezmo en el Antiguo Testamento, ¿qué pasa en el Nuevo Testamento? ¿Hay algún mandamiento que nos exija diezmar de nuestros ingresos? A continuación intentaremos abordar tres de los principales argumentos del Nuevo Testamento que usan los defensores del diezmo: Hebreos 7:1-10, Mateo 23:23 (con su paralelo en Lucas 11:42) y 1 Corintios 9:13-14. Los defensores del diezmo presentan muchos otros argumentos e interpretaciones, pero estos son tres de los más comunes.

Melquisedec y Abraham

Hebreos 7 se usa a menudo para respaldar el diezmo, y el argumento suele ser más o menos así: Abraham le pagó el diezmo a Melquisedec, Jesús pertenece al linaje sacerdotal de Melquisedec y, por lo tanto, ahora le debemos nuestros diezmos a Jesús; o bien: Abraham le pagó el diezmo a Melquisedec, Jesús es Melquisedec y, por lo tanto, Abraham hizo lo que los cristianos también deberíamos hacer: diezmar. Estos argumentos tienen varios problemas.

El propósito de esta sección de Hebreos es demostrar que el sacerdocio de Melquisedec es superior al sacerdocio levítico y aarónico. El argumento forma parte de una discusión más amplia que busca demostrar que el sacrificio de Jesús es superior a los sacrificios del Antiguo Pacto, y que Jesús es superior a los ángeles; por lo tanto, el sacerdocio de Jesús es superior al de Aarón (lo cual se logra demostrando que el sacerdocio de Jesús es el mismo que el de Melquisedec).

Para sustentar que el sacerdocio de Jesús es superior al de Aarón al equipararlo con el sacerdocio eterno de Melquisedec, se presenta la imagen de Abraham dándole el diezmo a Melquisedec. El mayor (Melquisedec) recibió el diezmo del menor (Abraham), y por eso se enseña que Abraham es nuestro ejemplo como cristianos para darle nuestros diezmos a Jesús (el mayor de los sacerdotes) y, por extensión, a los líderes de la iglesia. Hasta cierto punto tiene sentido.

Pero el pasaje no dice nada acerca de que Jesús reciba diezmos y, de hecho, el diezmo no es el punto principal del autor de Hebreos. Lo que él intenta demostrar es que Melquisedec es superior a Aarón y a los demás sacerdotes porque no murió (y recibió diezmos), mientras que todos los demás sí murieron. La referencia al diezmo, sin embargo, era descriptiva, no prescriptiva; es decir, simplemente describe el relato de Abraham y Melquisedec, pero no prescribe ni nos ordena seguir y obedecer lo que hizo Abraham.

También vale la pena señalar que el diezmo de Abraham fue voluntario, a diferencia del diezmo obligatorio del A.T.; además, no provenía de sus ingresos, y Abraham lo dio como acción de gracias a Dios por su victoria en la guerra. Si bien es cierto que podemos aprender de Abraham que debemos ser un pueblo generoso, con corazones agradecidos, es bastante forzado concluir a partir de este pasaje que a los cristianos de hoy se les exige diezmar la décima parte de sus ingresos. Este episodio fue simplemente la manera en que Abraham le mostró a Dios su gratitud, y por supuesto que haríamos bien en imitarlo. A partir de este pasaje, también podríamos quizás suponer que el 10 % puede ser un buen punto de partida para nuestras ofrendas.

Jesús y el diezmo

Otro pasaje que los defensores del diezmo citan con frecuencia es Mateo 23:23 y su pasaje paralelo, Lucas 11:42. Con estos versículos se argumenta que Jesús, aunque no exige el diezmo, de todos modos elogia, respalda y aprueba la práctica; y que, si Jesús hubiera querido anular la ley del diezmo, esa habría sido la oportunidad perfecta para hacerlo. Pero hay algunas cosas que decir sobre estos puntos.

En cuanto a abrogar la ley, Jesús no habría hecho eso. Recuerda que Él no vino a abolir la Ley, sino a cumplirla. No tiene sentido decir que Jesús habría suspendido el diezmo sabiendo que Él lo iba a cumplir. Su sacrificio perfecto, entonces, era necesario para inaugurar el Nuevo Pacto, que de hecho cumpliría la práctica del diezmo del A.T. (junto con muchos otros requisitos del A.T., como los sacrificios en el templo, el día de reposo, la circuncisión, etc.). Él sabía que también se ocuparía del diezmo en la cruz.

Además, es importante recordar que, mientras Jesús vivía, el Antiguo Pacto seguía vigente. Por lo tanto, por supuesto que Jesús habría elogiado a los judíos por diezmar, así como los habría elogiado por circuncidar a sus hijos (ya no es obligatorio), por guardar el año del jubileo (tampoco es obligatorio ya) o por obedecer la ley del levirato (ya no es obligatoria, gracias a Dios; búscala). Por lo tanto, el argumento del elogio es muy débil.

Así que, una vez más, es bastante forzado decir que hoy, como cristianos del Nuevo Pacto bajo la gracia, todavía estamos obligados (de manera legalista) a diezmar, usando como respaldo los pasajes de Hebreos y Mateo. Más específicamente, no se puede leer en estos pasajes que estemos obligados a dar la décima parte de nuestros ingresos a nuestra iglesia, que es la definición de diezmos y ofrendas que los líderes de hoy quieren que aceptemos. Pero ¿hay otros argumentos a favor del diezmo que involucren a Jesús?

Otro pasaje que citan a menudo los defensores del diezmo y que involucra a Jesús se encuentra en Marcos 12:41-42, donde una viuda echa sus dos últimas moneditas de cobre en el arca de las ofrendas del templo, mientras que los ricos daban grandes cantidades de dinero. Entonces Jesús dice: “De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca: Porque todos han echado de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su alimento”. Entonces, ¿qué está pasando aquí? ¿Se está ordenando el diezmo, o siquiera elogiando?

Debería quedar claro que este pasaje no nos enseña que se nos ordene diezmar el 10 % de nuestros ingresos, pues, de hecho, la viuda dio el 100 %. Entonces, ¿ahora se nos ordena dar el 100 %? No, y ningún pastor diría ni haría eso él mismo; simplemente no es práctico. Lo que Jesús nos enseña aquí es que dar es, y debe ser, un asunto del corazón y de una fe profunda. A la viuda le costó mucha fe, y le fue muchísimo más difícil, dar sus dos últimas monedas que a los ricos dar sus diezmos y ofrendas. Por lo tanto, deberíamos preguntarnos si realmente estamos dando con la convicción de que Dios proveerá para nosotros, ¡ya sea que demos el 1 % o el 100 %! Alguien puede estar dando el 50 % (de sus ingresos, ganancias, ventas, utilidades, plusvalías, etc.) y aun así no estar dando con fe ni agradando a Dios.

Pablo y el diezmo

En 1 Corintios 9:13-14, Pablo dice: “¿No sabéis que los que trabajan en el santuario, comen del santuario; y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio”. Para muchos, estos parecen ser los versículos decisivos para determinar si los cristianos están obligados o no a diezmar de sus ingresos; es el mejor argumento de los defensores del diezmo.

Puesto que los sacerdotes del A.T. obtenían su sustento de los diezmos y ofrendas del pueblo, los pastores de hoy deben recibir su sustento de nuestras ofrendas. Esto es lo que Pablo parece estar diciendo, y estamos de acuerdo. Pero lo que Pablo no está diciendo es que los pastores de hoy sean lo mismo que los sacerdotes del A.T., ni que los cristianos estemos obligados a dar el 10 % de nuestros ingresos a la iglesia local. Pablo ni siquiera era pastor, sino apóstol, evangelista y misionero, y dice que, aunque quizás tenía el derecho de pedir tales ofrendas, no haría uso de ese derecho por causa del evangelio (aunque probablemente debido a la dureza de corazón de los corintios). En cualquier caso, ¿alguna vez has oído de un pastor que renuncie a este derecho?

Si conoces a un pastor que renuncia a su derecho a recibir sostén económico de su congregación, trátalo con triple honra, pues probablemente tiene que trabajar horas extra en otro oficio para llegar a fin de mes. A veces las congregaciones no pueden sostener económicamente a sus pastores, y aun así ellos siguen predicando y enseñando, y con toda razón se niegan a engañar a su gente con enseñanzas sobre diezmos y ofrendas obligatorios del 10 %. Y esto se debe a que entienden y desean imitar la humildad y la entrega de Pablo al evangelio y a la verdad. Sin embargo, debemos decir que Dios sí ha establecido que los predicadores y maestros del evangelio vivan de él, y eso está perfectamente bien; pero no engañando a la gente con falsas enseñanzas sobre los diezmos y las ofrendas.

A partir de estos pasajes del N.T., podemos concluir que dar el 10 % de nuestros ingresos no es obligatorio, y que no dar el diezmo (es decir, no llegar al 10 % en tus ofrendas) no es pecado, aunque muchos pastores intenten hacerte pensar lo contrario. Esta verdad nos deja espacio para decir que no dar puede ser aceptable en ciertas situaciones (por ejemplo, si te vuelves pobre o ya lo eres; pero recuerda a la viuda pobre). Estamos bajo el Nuevo Pacto de la gracia, en el que encontramos un paradigma distinto para dar. Entonces, ¿cómo debemos dar? ¿Qué se espera de nosotros?

2 Corintios 9:7

En 2 Corintios, capítulos 8 y 9, Pablo expone cómo debemos dar dinero por causa del evangelio. Elogia a quienes le dieron dinero y exhorta a otros a seguir dando. Pero les recuerda a sus oyentes corintios que el que siembra escasamente, también segará escasamente, y el que siembra generosamente, generosamente también segará. De hecho, probablemente esta era la manera de Pablo de recordarles a los corintios, de corazón duro, que dieran lo mejor de sí, y de animarlos a dar con abundancia al Señor y a Su obra a través de Pablo, como lo habían hecho los macedonios.

Luego, en algún lugar de estos capítulos tan esclarecedores, Pablo escribe lo que debería ser el versículo de referencia de todo cristiano en cuanto a los diezmos y las ofrendas (a lo que deberíamos llamar simplemente dar): 2 Corintios 9:7. Este versículo dice: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, o por necesidad; porque Dios ama el dador alegre”. Esta habría sido la oportunidad perfecta para que Pablo afirmara el diezmo del A.T., pero no lo hizo.

Este versículo anula todos los argumentos que se presentan a favor de la obligación de los cristianos de diezmar de sus ingresos. El mandamiento es dar, pero dar como cada uno haya propuesto en su corazón, y no por obligación. Cuando los pastores intentan manipular a sus congregaciones para que den el diezmo (10 %) de sus ingresos, le quitan a la gente la libertad de dar cuanto quiera y el gozo de dar. Pero no permitas que esa realidad se convierta en una excusa para no dar con abundancia; sirve a Dios antes que a los hombres.

Así que aquí cabe una advertencia: todos somos pecadores y, si no tenemos cuidado, podemos estancarnos en nuestras ofrendas, hasta el punto de no dar nada, y todo en nombre de ser “libres en Cristo”. Nuestra libertad bajo el N.T. no es una excusa para no dar nada (ni para dar poco), porque dar con generosidad sí se modela en el Nuevo Testamento, y Dios lo espera. Procura siempre superarte en tus ofrendas, no disminuirlas (piensa en los discípulos que pusieron todo lo que tenían a los pies de los apóstoles para la misión del evangelio en Hechos 4:32-35). Debemos darle lo mejor a Jesús, incluso con sacrificio; recuerda a la viuda pobre.

El modelo bíblico para dar

  • Dar es una forma de adoración (ningún aspecto de la vida está fuera del alcance de Dios)
  • Dar debe estar motivado por la gracia (no por las reglas)
  • Dar debe estar motivado por la relación (por amor a Dios)
  • Da con un corazón alegre (no de mala gana ni para complacer a un pastor)
  • Da con constancia (ya sea semanal o mensualmente)
  • Da con intención (a los necesitados y a tu iglesia)
  • Da por amor (a Dios y a las personas)
  • Da con acción de gracias (por quién es Dios y por lo que ha hecho por ti)
  • Da para crecer espiritualmente (haciendo buenas obras y dando más)
  • Da para recibir la alabanza de Dios (para escuchar las palabras: “Bien, buen siervo y fiel”)
  • Da con generosidad (el que siembra escasamente/generosamente, cosecha escasamente/generosamente)
  • Da proporcionalmente (según hayas prosperado o según lo que se te ha dado; 1 Corintios 16:2 y Deuteronomio 16:17)
  • Da primero (antes de cubrir todos tus demás gastos, no después, lo cual normalmente te deja con menos para dar)
  • Da con sacrificio (es decir, lo que te cuesta algo conseguir, no de lo que te sobra)

Conclusión

En resumen, exigirles el diezmo a los cristianos de hoy compromete la expiación completa y perfecta del sacrificio de Cristo (prefigurado por los sacrificios del A.T. en el templo) y el sacerdocio de todo creyente (que hace de cada cristiano un sacerdote, no solo a los pastores), y socava la libertad que se nos ha dado bajo el Nuevo Pacto para expresar de diversas maneras nuestro amor por Dios, por nuestra iglesia y por las personas. Dar, en general, sí se espera de nosotros, pero debemos hacerlo con alegría y no por obligación: Dios ama al dador alegre, y todos los demás también.

El diezmo (redefinido por muchos líderes como dar el 10 % de tus ingresos) no tiene respaldo en las Escrituras, y no estás obligado a demostrarle a nadie que estás dando el 10 % de tus ingresos (ya sean brutos o netos). Cualquier líder que intente convencerte de lo contrario y exigírtelo es, o bien ignorante, o bien un manipulador deshonesto y legalista. Para un líder es fácil obligar y presionar a la gente a dar el 10 %, por miedo a que el ministerio no tenga suficiente; pero es difícil enseñarle a la gente la verdad sobre el dar y dejar que Dios obre en sus corazones para que den. El primer enfoque pone el control en manos del pastor, mientras que el segundo lo pone en manos de Dios y del dador, que es donde debe estar.

Es comprensible que algunos digan que esta enseñanza sobre el diezmo (que es la verdad, les guste o no a los defensores del diezmo) desanimará a la gente a dar con generosidad y la llevará a ser tacaña con Dios; y puede que así sea, pero solo en el caso de aquellos cuyo corazón no está bien con Dios. Pero, en todo caso, ¿qué se considera ser tacaño con Dios? ¿Dar el 9 % un mes porque uno tuvo una emergencia familiar? ¿Quién define qué es ser tacaño? ¿Cómo sabemos que no estamos siendo tacaños? ¿Al llegar al 20 % que tenían que dar los israelitas? Incluso ellos se quedaron cortos. ¿Alguien que da el 50 % tiene automáticamente una mejor relación con Dios que alguien que da el 10 %? Nadie puede responder de forma concluyente a estas preguntas, y ningún porcentaje obligatorio resolverá estas objeciones, ¡excepto el 100 %! Pero por eso Pablo dijo que cada uno diera como lo hubiera propuesto en su corazón. Dar es un asunto entre el dador y Dios. Punto.

Cuando las personas agradecidas se dan cuenta de que sus ofrendas dependen de ellas (y son un reflejo de su relación con Dios), y de que no están atadas a una cantidad obligatoria, quedan libres para dar cuanto quieran, incluso el 100 %. Son libres para dar a otras grandes organizaciones cristianas que proclaman el evangelio; son libres para ayudar a un familiar necesitado sin temor a que sus líderes las reprendan; son libres para dar a misioneros fieles; son libres para ser tan generosas como quieran. Así que da cuanto desee tu corazón, hermano cristiano, ¡sabiendo que depende de ti! Ahora la responsabilidad está en tus manos, pero también lo está la oportunidad de mostrarle a Dios tu gozo y tu gratitud.

Esperamos que esta serie de dos partes y este estudio te hayan iluminado en tu búsqueda de la verdad sobre los diezmos y las ofrendas. Hay mucho más que decir sobre este tema, pero esperamos haber sentado las bases. Te animamos a usar la palabra “dar” en lugar de diezmos y ofrendas cuando hables de la mayordomía cristiana, pues eso pondrá el enfoque del tema donde debe estar: en dar a Dios y a Sus propósitos con un corazón alegre y agradecido.