Los dones espirituales son un tema que intriga a muchas personas, tanto creyentes como no creyentes, especialmente los más extraordinarios y maravillosos, como las sanidades, los milagros y las lenguas. Está en nuestra naturaleza humana desear y buscar ver y experimentar cosas espirituales, y muchas personas no se dan cuenta de que este deseo fue puesto en nosotros por Dios y para Dios, a fin de que lo busquemos y creamos en Su Hijo. Así que, cuando se trata de los cristianos, a quienes se nos promete que el Espíritu Santo nos dará dones espirituales, nos emocionamos muchísimo por descubrir cuáles nos han sido dados.

Al mismo tiempo, una vez que los creyentes disciernen su don (o sus dones), sucede con frecuencia que algunos se pasan la vida entera deseando haber recibido un don distinto del que (o de los que) se les dio. Pero así como el viento sopla en varias direcciones, reparte su fuerza sobre los molinos que encuentra a su paso y los mueve de distintas maneras, así también el Espíritu nos reparte los dones espirituales como Él quiere, capacitándonos para hacer las obras que Dios ha dispuesto que hagamos. Como los dones espirituales son importantes en la vida de todos los creyentes, y especialmente de la Iglesia, este artículo se enfocará en preguntas cruciales en torno a este interesante tema.

¿Qué son los dones espirituales y por qué se dan a los creyentes?

Los dones espirituales son capacidades que el Espíritu Santo de Dios reparte a los creyentes en Cristo. Es importante recordar que se dan a cristianos que ya han nacido de nuevo, no a los no creyentes. Dios nos da estos dones para que nos edifiquemos unos a otros, es decir, para edificar a la iglesia local. Pablo dice en su carta a los corintios: “a cada uno le es dada manifestación del Espíritu para provecho” (1 Corintios 12:7). El “provecho”, en su contexto, se refiere a la edificación del cuerpo de los creyentes en Cristo. Alguien podría intentar argumentar que los dones espirituales son para el provecho general (incluido el resto del mundo no creyente), pero sería difícil explicar hacia qué meta estaríamos “edificando” a los no creyentes, ya que no forman parte del cuerpo de Cristo. Pero sí es cierto que nuestros dones espirituales nos ayudan a edificar a nuestros hermanos y hermanas en Cristo para que todos podamos llevar a cabo una parte importante de la obra de Dios: la evangelización.

¿Dónde aparecen los dones espirituales en la Biblia y cuáles son?

En realidad hay dos capítulos de la Biblia donde se presentan listas de dones espirituales: Romanos 12:6-8 y 1 Corintios 12:4-11, 28. Aunque estas listas, aun combinadas, quizá no sean exhaustivas (es decir, puede que no nos digan todos los dones espirituales que Dios da a Su Iglesia), sí presentan una amplia variedad de dones. Tal vez sea posible identificar otros dones espirituales, quizá observando la vida de Jesús, pero aquí nos proponemos tratar solo los que aparecen en estas dos listas, porque siempre es mejor estudiar y afirmar los que sabemos que están mencionados específicamente en las Escrituras. Algunas personas también incluyen Efesios 4:11 entre las listas de dones espirituales, pero es mejor entender ese versículo como una lista de oficios de la iglesia.

Los dones espirituales, entonces, tal como se enumeran en el Nuevo Testamento, son:

De Romanos 12:6-8

  • Profecía
  • Servicio
  • Enseñanza
  • Exhortación/ánimo
  • Dar con generosidad
  • Liderazgo
  • Misericordia

De 1 Corintios 12:4-11, 28 (se omiten los dones repetidos de Romanos):

  • Palabra de sabiduría
  • Palabra de ciencia
  • Fe
  • Dones de sanidades
  • Operaciones de milagros
  • Discernimiento de espíritus
  • Hablar en lenguas (es decir, idiomas humanos)
  • Interpretación de lenguas
  • Ayudas
  • Administración

¿Hay dones espirituales mayores que otros?

Parece extraño preguntar si algunos dones tienen mayor importancia que otros dentro del cuerpo de Cristo, pero eso es exactamente lo que Pablo nos enseña en 1 Corintios, capítulos 12 al 14. En estos tres capítulos, Pablo corrige el error de los corintios en cuanto a los dones espirituales. Estos creyentes exaltaban ciertos dones (como los milagros, las sanidades y el hablar en lenguas) por encima de otros, porque eran más “llamativos” o espectaculares. Pablo, con rapidez y lógica, argumentó que otras capacidades son más útiles dentro del cuerpo, principalmente el don de profecía, porque edifica a la Iglesia (al igual que la enseñanza), mientras que algunos de los otros dones, como las lenguas, solo edifican a quien los ejerce.

En 1 Corintios 12:31, Pablo exhorta a los creyentes: “procurad los mejores dones”, pero ¿cuáles podrían ser esos dones “mejores”? Bueno, él nos lo dice en el capítulo 14 cuando afirma: “procurad los dones espirituales, mas sobre todo que profeticéis” (1 Corintios 14:1); y “hermanos, procurad profetizar; y no impidáis el hablar lenguas” (1 Corintios 14:39). Y si no estás convencido, mira el versículo 5: “mayor es el que profetiza que el que habla lenguas, si también no interpretare, para que la iglesia tome edificación” (1 Corintios 14:5). Pablo deja claro que los dones mayores son los que edifican al cuerpo, y eso incluiría la profecía; aunque también creemos que la enseñanza, la ciencia y la sabiduría pueden incluirse con seguridad en esta categoría de dones “mayores”.

¿Hay dones espirituales que tienen límites o reglas?

Respuesta corta: sí. Hay ciertos límites y reglas que Dios ha establecido en torno al uso de ciertos dones espirituales. Algunos de los que vienen a la mente son los dones de liderazgo, enseñanza, hablar en lenguas, interpretación de lenguas e incluso la profecía. Los dones de liderazgo y enseñanza, por ejemplo, deben ser ejercidos por hombres calificados en lo que respecta a la dirección espiritual de la iglesia (1 Timoteo 3:1-7). Son hombres piadosos quienes deben dirigir a la iglesia en general, no mujeres. El oficio de pastor debe ser ocupado por un hombre, y lo mismo se aplica a cualquier maestro de la Biblia en un grupo mixto de hombres y mujeres (1 Timoteo 2:11-14). Esto sí impide que las mujeres sirvan en el pastorado, especialmente cuando implica enseñar, porque la enseñanza implica autoridad. Por supuesto, las mujeres mayores sí pueden enseñar a las mujeres más jóvenes dentro de la iglesia, así que hay un lugar para que las mujeres que son buenas maestras y líderes sirvan con sus dones.

Los dones de hablar e interpretar lenguas, e incluso la profecía, también tienen límites o reglas establecidos por Dios, y todo para mantener el orden en la iglesia. Pablo les dice a los creyentes que quienes hablan en lenguas deben hacerlo con orden, dos o tres personas hablando por turno (1 Corintios 14:27). Pero no solo eso: cada persona que habla en lenguas debe orar para que haya un intérprete (1 Corintios 14:13), y seguir hablando solo si hay un intérprete y cuando lo haya (1 Corintios 14:28), a fin de que el cuerpo sea edificado por medio de la comprensión. Y quienes profetizan también deben hablar por turno y someter sus profecías a que el resto de la congregación las examine o juzgue (1 Corintios 14:29-32). El propósito de estos límites es el orden y la organización dentro de la iglesia (1 Corintios 14:33, 40), y posiblemente refrenar cualquier corazón orgulloso.

¿Podemos pedir ciertos dones espirituales?

Aunque no creemos que sea necesariamente malo pedirle a Dios un don en particular (por ejemplo, el don de ciencia), parece que es Dios quien decide qué don dará a quién, sin tener en cuenta la preferencia o la petición de cada persona. Solo Dios es verdaderamente el único soberano y omnisciente que sabe lo que Su iglesia necesita; y recuerda que los dones espirituales son para la edificación de Su Iglesia, no del individuo. No creemos que Él vaya a dejar en nuestras manos la elección de los dones que recibimos, porque no sabemos si haríamos buen uso de ellos. Por otro lado, si pidiéramos una capacidad que Dios ya tenía reservada para nosotros, entonces, como está dentro de Su voluntad, creemos que nos concedería ese don.

¿Cómo llegamos a esta conclusión? Bueno, en 1 Corintios 12:7, 11, Pablo dice: “a cada uno le es dada manifestación del Espíritu para provecho… Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como quiere”. Este versículo nos muestra que es el Espíritu Santo quien decide qué dones darnos; se reparten conforme a la voluntad de Dios, no a la nuestra. Por lo tanto, aunque Pablo dice: “procurad los mejores dones”, creemos que esto es simplemente una corrección de la perspectiva de los corintios sobre los dones espirituales (animándolos a desear que hubiera más del don de profecía dentro del cuerpo en lugar del hablar en lenguas), y no un mandato a pedirle a Dios dones distintos de los que uno ya ha recibido.